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CONVERSIÓN
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El acto de la conversión se representa por el verbo hebreo šûḇ y el verbo griego epistrefō significando ambos volver o retornar (tanto física como espiritualmente). El siguiente análisis se basa en el uso de estas palabras.

La conversión se describe en el AT como una vuelta al Señor abandonando el mal (Jer. 18:8; Mal. 3:7). A causa de la naturaleza corrompida del hombre (Os. 3:7), este cambio es resistido (2 Cr. 36:13). Dios es quien determina la conversión (Jer. 31:18) y el hombre parece tener una parte subordinada (Jer. 24:7). Individuos (2 R. 23:25) y naciones (Jon. 3:10) son sujetos de la conversión. Dios usa a los profetas como agentes secundarios en la conversión (Neh. 9:26; Zac. 1:4). Aquellos que rehúsan volverse al Señor son castigados (Am. 4:6–12) con cautividad (Os. 11:5), destrucción (1 R. 9:6–9) y la muerte (Ez. 33:9, 11); aquellos que se vuelven al Señor reciben bendiciones tales como perdón (Is. 55:7), liberación del castigo (Jon. 3:9, 10), fruto en el servicio (Sal. 51:13; Os. 14:4–8), vida (Ez. 33:14ss.). La conversión de grandes multitudes es anticipa en el advenimiento del Mesías (Dt. 4:30; Os. 3:5; Mi. 5:3; Mal. 4:5, 6).

El NT armoniza exactamente con el AT en cuanto a la descripción de la conversión. La predicación apostólica insiste (Hch. 26:20) que los hombres deban volverse del mal a Dios (Hch. 14:15; 1 Ts. 1:9). Tal conversión significa el trasladarse del poder de Satanás al reino de Dios (Hch. 26:18). La verdadera conversión encierra fe y arrepentimiento; da como resultado el perdón de nuestros pecados (Hch. 3:19; 26:18). Israelitas (Lc. 1:16, 17; 2 Co. 3:16), gentiles (Hch. 15:19) y cristianos (Lc. 22:32; Stg. 5:19, 20) son sujetos de conversión. Pablo es el ejemplo más destacado (Hch. 9:1–18). Los apóstoles fueron los instrumentos en la conversión de grandes multitudes (Hch. 9:35; 11:21). Únicamente hombres convertidos pueden llevar a cabo este bendito ministerio (Lc. 22:32; Stg. 5:19, 20).

Problemas tales como (1) conversión y predestinación (cf. Is. 6:10; Jn. 12:39s.), (2) la conversión futura de Israel (cf. Dt. 4:30; Is. 59:20; Ro. 11:26s.) y (3) la relación de la conversión con el libre albedrío (cf. Mt. 18:3) constituyen algunas de las cuestiones más debatidas en la teología.


[Del hebr. sub, volver atrás; del gr. metanoeo, volver; y del lat. conversionem, transformación] Cambio que Dios obra en la vida del que acepta a Cristo como su Salvador personal, modificándole radicalmente la forma de ser, pensar y actuar.

La conversión es el aspecto objetivo y externo del nuevo nacimiento. Mediante ella, el pecador arrepentido le muestra al mundo la obra que Cristo realizó en su interior: la regeneración.

En resumen, el nuevo nacimiento tiene dos aspectos: uno subjetivo y otro objetivo. El subjetivo se conoce como la regeneración; sólo Dios puede constatarlo. Y, el objetivo, como hemos dicho, es la conversión: puede ser comprobado por todos.

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