“Ustedes saben muy bien que yo he trabajado para su padre Labán con todas mis fuerzas. No obstante, él me ha engañado y me ha cambiado el salario muchas veces. Pero Dios no le ha permitido causarme ningún daño” (Génesis 31:6-7 NVI)

Desde que huyó de casa, las cosas para Jacob no fueron fáciles. Pronto comprendió que las acciones acompañadas de mentiras o malas intenciones traen consecuencias dolorosas. Dios no bendice el engaño ni es condescendiente con la maldad.
Su vida cambió radicalmente en muy poco tiempo. Tuvo que abandonar su hogar para salvar la vida y marcharse a una tierra extraña, lejos de su familia y huyendo de la ira de su hermano. Allí, solo y sin saber qué le esperaba, encontró una nueva esperanza cuando conoció a Raquel y se enamoró de ella. Para poder casarse con la mujer que amaba aceptó trabajar siete años; sin embargo, al terminar ese tiempo fue engañado por Labán y recibió como esposa a Lea. Entonces tuvo que comprometerse a trabajar otros siete años por Raquel. A partir de allí, los celos, las rivalidades y las tensiones dentro de aquella familia convirtieron el hogar de Jacob en un lugar de continuos conflictos.
Y si en el ámbito familiar las cosas eran difíciles, en el trabajo tampoco le iba mucho mejor. Su empleador, que además era su suegro, se aprovechó repetidamente de él. Jacob trabajó catorce años por sus hijas y después otros seis años por los rebaños. Durante ese tiempo, Labán cambió varias veces las condiciones de su salario.11 Durante años Jacob se esforzó, trabajó diligentemente y cumplió con sus responsabilidades, pero no siempre recibió un trato justo. Experimentó lo que significa esforzarse y sentir que otros se benefician de tu trabajo. Y después de largas jornadas todavía tenía que regresar a un hogar lleno de tensiones y conflictos. Jacob estaba cansado.
Sin embargo, en medio de aquella situación Jacob comprendió algo fundamental: Labán podía cambiar su salario, alterar los acuerdos y tratarlo injustamente, pero no podía impedir que Dios estuviera con él. Por eso reunió a su familia y declaró: “Ustedes saben muy bien que yo he trabajado para su padre Labán con todas mis fuerzas. No obstante, él me ha engañado y me ha cambiado el salario muchas veces. Pero Dios no le ha permitido causarme ningún daño”.
En esa declaración encontramos un poderoso principio para no desfallecer cuando nuestro esfuerzo no es valorado y para no desanimarnos frente a las injusticias de quienes tienen autoridad: marca una cita con tu trabajo. La fórmula de Jacob fue sencilla: “He trabajado […] con todas mis fuerzas”. Haz bien lo que tienes que hacer. Da lo mejor de ti. Trabaja con entusiasmo, responsabilidad e integridad. Tal vez otros no reconozcan tu esfuerzo, pero Dios sí lo ve.
Después de Dios y la familia, el trabajo ocupa una parte importante de nuestra vida. Por eso, cada día marca una cita con tu trabajo. Agradece a Dios porque tienes uno y, además de cumplir con tus responsabilidades, ponle ganas, entusiasmo y esfuerzo. El trabajo es una bendición, porque “muchos consideran el trabajo una maldición que se originó en el enemigo de las almas. Esta es una idea equivocada. Dios le dio el trabajo al hombre como bendición, para ocupar su mente, fortalecer su cuerpo y desarrollar sus facultades”.22
Mi amigo, mi amiga, eres hijo de Dios. Él te creó, conoce tus capacidades, sabe cuáles son tus talentos y también conoce tus anhelos, frustraciones, penas y cansancio. Por eso, trabaja con todas tus fuerzas. No permitas que la falta de reconocimiento destruya tu entusiasmo. No hagas depender la calidad de tu trabajo de los aplausos de los demás. Sé íntegro cuando te observen y también cuando nadie te vea.
Jacob no pudo evitar que Labán fuera injusto con él, pero sí pudo decidir qué clase de trabajador sería. Y al final pudo mirar hacia atrás y decir: “He trabajado […] con todas mis fuerzas… pero Dios no le ha permitido causarme ningún daño”.
Así que paciencia. Sigue trabajando, sigue siendo leal, sigue dando lo mejor de ti. Los hombres pueden ignorar tu esfuerzo, pero Dios no. Él sabe cuánto has trabajado, cuánto has soportado y cuánto has dado. A su debido tiempo, llegará la recompensa.///////.

Desde «la línea de batalla» y un poquito antes del retorno de Cristo…
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