“En mi primera defensa, nadie me respaldó, sino que todos me abandonaron. Que no les sea tomado en cuenta” (2 Timoteo 4:16 NVI)
Como toda persona, Pablo también necesito del aliento de sus amigos, especialmente en esos momentos de miedo, cuando fue encarcelado. Nadie desea quedarse solo en momentos de angustia, cómo Pablo que tenía que comparecer por segunda vez ante el tribunal del despiadado Nerón, y lo más probable era que iban a ser su últimos días. Así que antes de morir, Pablo escribe a Timoteo su discípulo, a quién encargó las iglesias, para contarle sus temores humanos y el abandono de los que consideraba amigos. Pablo escribió: “…pues Demas, por amor a este mundo, me ha abandonado y se ha ido a Tesalónica. Crescente se ha ido a Galacia y Tito a Dalmacia”,[1] eso fue doloroso para el apóstol, porque Demas era un supuesto amigo de confianza y el prefirió dejarlo al verlo en problemas. En otra parte reafirma el abandono de sus amigos, aunque resalta que hubo algunos, como Onesíforo que estuvo cuando algunos lo abandonaron: “Ya sabes que todos los de la provincia de Asia me han abandonado, incluso Figelo y Hermógenes. Que el Señor le conceda misericordia a la familia de Onesíforo, porque muchas veces me dio ánimo y no se avergonzó de mis cadenas. Al contrario, cuando estuvo en Roma me buscó sin descanso hasta encontrarme”.[2]
Sin embargo, ni siquiera Onesíforo estuvo presente en la primera audiencia de Pablo ante Nerón: “En mi primera defensa, nadie me respaldó, sino que todos me abandonaron. Que no les sea tomado en cuenta”.[3] No obstante, el apóstol Pablo si tenía un amigo incondicional, que jamás le falló, que lo acompañó en todo momento y en las circunstancias más adversas, y no solo estuvo para acompañarlo, sino que estuvo listo a dar su vida por él: “Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que por medio de mí se llevara a cabo la predicación del mensaje y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me preservará para su reino celestial. A él sea la gloria por los siglos de los siglos…”.[4]
Jesús, es el mejor amigo que puedes tener, fiel en toda circunstancia, leal en toda prueba y listo para sostener su mano cuando empiezas a flaquear. No existe compañero más dispuesto en todo, que Jesús y es el modelo de la clase de amigo que debemos ser y desear. Porque un amigo verdadero, es aquel que llega y se queda cuando los demás abandonan. Con razón una escrito cristiana escribió de Jesús: “Él nunca ha fallado ni lo ha engañado. Será su guía y libertador en las circunstancias más difíciles. Estará a su diestra. Estamos en todo momento rodeados por su poder y su presencia tan ciertamente como lo estuvieron los israelitas en medio del mar partido en dos”.[5]
Apreciado (a), ¿tienes amigos leales?, ¿eres un amigo que no falla?… oremos por tener amigos fieles y porque nosotros seamos así con otros… Y sobre todo, roguemos para que Jesús nos considere en su lista de amigos leales, los que son “fieles hasta la muerte”, y que no engrosemos las filas de los pseudos amigos de Jesús, que solamente están con él para pedir y exigir, y que al menor aviso de sacrificio o perdida por amor a su nombre, escapan a esconderse debajo de cualquier cosa…. ¡Seamos los incondicionales de Jesús!
Pr. Joe Saavedra
Desde la línea de batalla y un poquito antes del retorno de Cristo…
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