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ABIERTOS Y DISPUESTOS NECESARIAMENTE
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La pregunta no es si somos diferentes. Eso lo sabe todo ser humano inteligente. La pregunta es si estamos abiertos y dispuestos a conversar cuantas veces sea necesario y con determinación ponernos de acuerdo para amarnos y respetarnos consecuentemente.

Recuerde que no importa cuántas veces sea necesario conversar, siempre deben estar abiertos y dispuestos a discutir sus diferencias y llegar a un acuerdo.

Algunas personas tienen expectativas equivocadas y se olvidan de todo lo que he explicado en los puntos anteriores. No importa cuántas veces haya conversado del tema, tendrá necesidad de volver hacerlo. Somos humanos y cometemos errores, tenemos una naturaleza pecaminosa y a pesar de nuestras buenas intenciones, nos sale por momentos lo pecador y volvemos a buscar nuestra propia gratificación.

Nosotros como personas somos cambiantes, las circunstancias cambian y necesitamos volver a discutir nuestras diferencias una vez más. No se decepcione, ni crea que no existen cambios sólo porque una vez más es necesario conversar de sus diferencias. Muchas veces ya hemos hecho cambios, pero se necesita realizar otros cambios y debemos hacer ciertos ajustes porque las circunstancias que vivimos ahora han cambiado.

Creo que uno de los grandes errores que cometemos es asumir que después de una sola conversación o algunas conversaciones, todo estará resuelto y que ya hemos aprendido toda la lección. En la experiencia uno se da cuenta de que eso no es real. Las personas que piensan de esa manera sufrirán decepción.

He pensado que lo que ocurre con nuestros automóviles, también ocurre con nuestros matrimonios. Todos cada cierto tiempo necesitamos llevar nuestros automóviles al mecánico para hacer un afinamiento del motor. A veces, éste sólo necesita que se le hagan unos pequeños ajustes y otras veces involucra el cambio de bujías y otros implementos necesarios, que duran por un determinado tiempo, pero que se gastan con el uso. Cuando esto sucede, aquellos que estamos bien informados no pensamos que el automóvil está funcionando mal porque está dañando las bujías, sino que solamente se necesita hacer el ajuste adecuado por el desgaste ocurrido. Esa es la manera en que deben ser vistas las conversaciones que cada cierto tiempo se deben realizar en toda relación matrimonial. Es imposible tener unas pocas conversaciones y resolver eternamente las diferencias.

Creo que es indispensable para el buen funcionamiento de la relación matrimonial que se realicen estas conversaciones. Si usted es una persona con una mentalidad bien práctica, seguramente estará pensando acerca de qué es lo que deben hacer en estas conversaciones. Mi respuesta es que lo más importante es aprender a escucharse. Es imposible tomar decisiones adecuadas y que sean el resultado de un genuino acuerdo, si las partes no están listas para escucharse. No estoy diciendo que deben oírse, porque no sólo debemos estar listos para percibir los sonidos que emite nuestro cónyuge, sino que mucho mejor que eso, debemos darnos por enterado de los ruegos, ideas, consejos, anhelos y gustos de la otra persona.

Escuchamos cuando prestamos atención a lo que estamos oyendo. Para realmente escuchar es necesario atender, acoger favorablemente o satisfacer un deseo, ruego o mandato. En la antigüedad se llamaba «escucha», a la criada que dormía cerca de la alcoba de su ama para poder oír si ella llamaba. (Diccionario de la Lengua Española Océano). Creo que este ejemplo describe bien la acción que se debe realizar en estas conversaciones. La criada estaba lista a atender las necesidades de su señora. Ella no estaba dispuesta a exigir lo que quería. La criada no tenía el derecho de ir a realizar demandas cuando escuchaba que su ama a media noche se despertaba, sino que tan pronto notaba señales de movimiento y cuando escuchaba algunos ruidos que anunciaban que algo ocurría, la «escucha» estaba lista para ir a atender esa necesidad lo antes posible. Esa precisamente debe ser nuestra actitud en estas conversaciones. (Diccionario de la Lengua Española Océano).

En la antigüedad se llamaba «escucha», a la criada que dormía cerca de la alcoba de su ama para poder oír si ella llamaba.

Un dicho reza: «Cuando el río suena es porque piedras trae». Si usted está «escuchando ruidos» en su relación matrimonial que le comunican que existe una necesidad en su cónyuge, debe tener la disposición de realizar las acciones necesarias para atender esa necesidad. El ser notificados de una necesidad, el darnos cuenta de una necesidad no es la señal para iniciar un reproche de nuestro cónyuge.

Paul Tournier dice: «Es imposible sobreenfatizar la inmensa necesidad que tenemos los humanos de ser escuchados, de ser tomados en serio, de ser comprendidos. Nadie puede desarrollarse libremente en este mundo y encontrar una vida completa, sin ser comprendido por lo menos por una persona».

La persona más cercana en este mundo, para una persona casada, debe ser su cónyuge. Después de muchos años he comprendido que después de mi relación personal con Dios, la relación más importante en este mundo es la relación con mi esposa. Toda otra relación debe ser secundaria, incluyendo a los hijos, la relación laboral, o el más cercano de los amigos.

Lamentablemente muchos cónyuges no sienten que son escuchados en su relación matrimonial y obviamente, viviendo así, nadie puede desarrollarse libremente y encontrar una vida realizada. Lamentablemente el no sentirse comprendido, el no sentirse escuchado, el ser ignorado es una de las razones que mueve a algunos cónyuges a tener una relación interpersonal fuera del vínculo matrimonial. No estoy diciendo que esta sea una justificación pero sí que es una de las razones para un comportamiento pecaminoso.

Poniendo su dedo sobre la llaga con absoluta certeza, el psiquiatra suizo Paul Tournier dice: «Escuche las conversaciones de este mundo, entre las naciones así como las conversaciones entre parejas. La mayor parte de estos son diálogos de sordos». (Paul Tournier: To Understand each other [Entendernos unos a otros], Atlanta: John Knox Press, 1977 por M.E. Bratcher, página 8.)

Escuche las conversaciones de este mundo, entre las naciones así como las conversaciones entre parejas. La mayor parte de estos son diálogos de sordos.

Es muy importante que todos los humanos cultivemos este arte de escuchar. Se requiere disciplina y por momentos un poco de lógica. Siempre pienso que esa es la razón por la cual Dios me dio dos orejas y una boca, para que escuche el doble de lo que hablo. Conversar y escucharse no es solamente oír lo que la otra persona está diciendo y estar pensando para encontrar la respuesta que vamos a dar. No es oír un reclamo acerca de una acción errónea que cometimos y estar pensando inmediatamente en cómo justificar mis acciones.

Deberíamos aprender a escuchar a los demás imitando el maravilloso ejemplo de Jesucristo que es presentado en el relato de Juan capítulo 4. Jesucristo escuchó a la mujer samaritana. Todo lo que esa mujer necesitaba era alguien que le escuchara y su más grande sorpresa fue que le escuchó alguien que de acuerdo a la tradición y a las costumbres no debería haberla escuchado. Sin embargo, ella sintió confianza para abrir su corazón, compartir sus secretos, admitir sus sentimientos separatistas, e incluso reconocer la sabiduría de la persona con quien hablaba. Encuentro interesante que aun los discípulos estaban sorprendidos de la acción de Jesucristo. El resultado fue maravilloso. Allí estaba una mujer que había sido comprendida, que tuvo la libertad para compartir sus sentimientos de felicidad con otros que también buscaban a Jesús porque eran de los miles que necesitaban ser escuchados.

Creo que puedo anticipar una mejor relación familiar entre los miembros de una familia que aprenden a escucharse. Le aseguro que cuando ustedes como cónyuges comiencen a escucharse, sus hijos que también tienen necesidad de que los escuchen sabrán que si sus padres lo hacen, también están capacitados para escucharlos a ellos. En mi propia experiencia he notado que no es fácil aprender a escuchar. No se aprende de la noche a la mañana porque para poder hacerlo debemos destruir algunos enemigos que luchan por impedirnos ser sensibles a las necesidades, consejos, y anhelos de los demás. Debemos destruir el orgullo, la insensibilidad, la intolerancia y nuestro egoísmo y egocentrismo. El único antídoto para esta destructiva enfermedad es ser sensibles, tolerantes, pacientes y tener dominio propio. Estas virtudes no son fáciles de encontrar en este mundo egocentrista en que vivimos.

Vivimos en días en que los valores de la mayoría de los matrimonios son muy diferentes a los valores expresados en la Palabra de Dios, y todos aquellos que desean llevar a sus matrimonios una relación de excelencia moral y espiritual deben tomar en serio a Dios. Esa es la razón por la que creo que si usted con sinceridad anhela tener un matrimonio que disfruta de una relación conyugal al estilo divino, con valores eternos, con excelencia moral, con un enfoque eterno y no sólo temporal, debe poner en práctica el consejo divino. Si usted no anhela tener una relación adecuada con Dios creo que aun sin ser cristiano puede tener una relación conyugal adecuada.

Existen miles de parejas que sin ser cristianos tienen una relación adecuada. Sin embargo, si usted desea tener un matrimonio con un enfoque en las cosas eternas y relacionado con Dios de acuerdo a lo que dice la Escritura es imposible tenerlo sin tener a Cristo en su corazón y sin aplicar con diligencia los principios escriturales.

Si usted y su cónyuge deciden tener un matrimonio de acuerdo a los principios divinos, creo que deben hacer un serio compromiso de ajustar sus vidas al consejo divino y en una seria conversación deben comprometerse a buscar con diligencia las virtudes cristianas mencionadas por el apóstol Pedro. Descubramos algunas virtudes que ustedes como pareja deben llegar a un acuerdo de implementar en vuestro matrimonio.

La necesidad de seguir el consejo Divino

El apóstol Pendro sabía que vivir en estos últimos días no sería una experiencia placentera. Tenemos una seria presión del mundo que no desea vivir con valores absolutos, pero nosotros somos llamados a vivir de una manera diferente. El éxito de una relación matrimonial al estilo divino depende de si practicamos o no los consejos de Aquel que creó el matrimonio.

La necesidad de una adecuada relación con Dios

Todos aquellos que desean tener un matrimonio con valores cristianos, todos aquellos que desean vivir de acuerdo al consejo divino, deben en primer lugar tener una relación con Dios. Pedro dice que para vivir como Dios espera de nosotros, debemos ser participantes de la naturaleza divina. Note lo que dice el apóstol Pedro: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia» (2 de Pedro 1:3).

Los resultados de una adecuada relación con Dios

Cuando tenemos en nosotros el poder de Dios por haber aceptado a Jesucristo, tenemos a nuestra disposición y nos han sido dadas todas las cosas que corresponden a dos partes muy importantes de la vida del hombre. Pedro menciona que tendremos las cosas que pertenecen a la vida y la piedad.

«Las cosas que pertenecen a la vida» (versículo 3).
Son aquellas cosas que necesitamos para nuestra adecuada convivencia en el mundo. Estas cosas que nos permiten vivir como hijos de Dios en medio de la «corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia» (versículo 4).

«Las cosas que pertenecen a la piedad» (versículo 3).
Son las cosas que necesitamos para una adecuada relación con Dios. Si un matrimonio desea vivir bajo principios cristianos, si le encanta vivir siguiendo el consejo de Dios para la vida conyugal, necesita tener una relación personal con Jesucristo, necesita tener «conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia». Él es quien le dará el poder necesario para vivir una vida adecuada con Dios y con los hombres. Por esa relación, por ese conocimiento que tenemos de Él, somos participantes de «preciosas y grandísimas promesas», para que por ellas tengamos una relación adecuada con Dios y podamos vivir con santidad en medio de un mundo pecaminoso (versículo 4).

No hay nada en nosotros que nos permita anhelar lo bueno o vivir como salvados en medio de un mundo perdido. Sólo podemos hacerlo por «la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo». Por Jesucristo, Pedro nos dice que nosotros podemos tener «una fe igualmente preciosa» que la que él tenía.

Matrimonios útiles y fructíferos

Teniendo aquella fe, igualmente preciosa que la que Pedro tenía y habiéndola recibido sólo por la gracia de Dios, ahora somos nosotros los que debemos agregar estas virtudes que están disponibles para los hijos de Dios. Agregando aquellas virtudes podremos vivir una vida útil y fructífera. El versículo 8 dice: «Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto». Al contrario, dice Pedro: «El que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados» (versículo 9).

Responsabilidad: Aplicar diligencia
Los matrimonios que anhelan vivir siguiendo el consejo divino, deben agregar a su fe algunas virtudes cristianas que le permitirán vivir una vida útil y fructífera (versículos 5–7). El llamado de Pedro es a que apliquemos estas cosas «con toda diligencia» (versículo 5).

Nuestras virtudes
En el mundo y principalmente en nuestros matrimonios, en nuestras familias, aquellos que tenemos fe y que conocemos al Señor Jesucristo, no debemos vivir solamente anunciando que tenemos fe sino practicando un estilo de vida diferente por la fe que tenemos. Tener fe en Jesucristo es creer en lo que Él dijo, hizo y prometió. Creer lo que Él dijo incluye el practicar sus enseñanzas. Todo matrimonio cristiano debe agregar a aquella fe que tiene algunas virtudes descritas en este pasaje.

La virtud
Esto se refiere a la excelencia moral. Una vida virtuosa es la que tiene el hábito, la disposición de ajustarse a la ley moral. La pareja debe comprometerse a vivir una vida virtuosa. Las enseñanzas de la Biblia y el consejo divino deben prevalecer por sobre costumbres o ideas que tenemos de cómo vivir con nuestras diferencias. El consejo de la Palabra de Dios debe ser seguido y la pareja debe comprometerse a que el filtro por el cual pasarán los deseos, planes y metas será el filtro del consejo bíblico. Este es un serio compromiso para vivir una vida virtuosa.

El conocimiento
Al compromiso de vivir una vida piadosa, la pareja debe agregar un compromiso a buscar el conocimiento adecuado. Este es un conocimiento práctico, es saber cómo aplicar las enseñanzas de la Palabra de Dios, no sólo leerlas y escucharlas, sino saber cómo aplicarlas.

El dominio propio
En la conversación de compromiso que tengan como matrimonio, decidan también buscar con diligencia vivir con dominio propio. Esta es la habilidad de controlarse de tal manera que nada tenga señorío sobre sus vidas, a excepción de los mandamientos de Jesucristo. No debe tener señorío el dinero, los amigos, las opiniones de otros, ningún hábito, ningún vicio, ni el sexo. Esta es la decisión para vivir una vida equilibrada.

La paciencia
El apóstol Pedro nos exhorta a que agreguemos «al dominio propio, paciencia». Vaya que es necesaria esta virtud en la relación matrimonial. Debemos comprometernos a ser pacientes, a soportarnos mutuamente, a comprendernos mutuamente. Después de comprometernos a ser pacientes, debemos ser diligentes en vivir vidas piadosas. No somos llamados a parecer piadosos sino a vivir como piadosos. La piedad tiene muy poco que ver con lo exterior porque es una virtud interior. Es la profunda reverencia a Dios que se manifiesta en el respeto a nuestros semejantes.

El afecto fraternal
Otro importante compromiso que deben realizar es el de vivir en la relación matrimonial con un verdadero «afecto fraternal». La palabra griega es philadelphia y nos describe la preocupación de los unos por los otros. Es aprender a llevar las cargas juntos, es aprender a gozarse con quien se goza y llorar con el cónyuge que llora.

El amor
Finalmente, creo que no podrá existir una relación matrimonial sin buscar con diligencia agregar a todas las virtudes mencionadas, la virtud del amor. No me refiero sólo a los sentimientos, no me refiero a actuar por el bien del cónyuge solamente cuando se siente bien, buscar el bienestar sólo cuando así lo siente, porque el amor sobrepasa los sentimientos. El amor es un compromiso. Jesucristo dijo que no haríamos nada que cualquier persona no pueda hacer cuando hacemos el bien a los que bien nos hacen. Una persona que ama no es una persona que actúa bien cuando lo siente o cuando le hicieron bien o con lo que pueden pagarle con un bien. El amor transciende sentimientos, el amor cubre multitud de pecados y el amor sobrepasa las diferencias. Creo que un buen acróstico con la palabra amor y que describe cuál debe ser nuestro compromiso si anhelamos una relación matrimonial al estilo divino es el siguiente: Con la letra «A». Debemos tener el compromiso de Atender con dedicación las necesidades, deseos, metas, y sugerencias de nuestro cónyuge.

En segundo lugar, con la letra «M». Debe Mostrar a su cónyuge con hechos que usted le da el valor que tiene como persona amada. En tercer lugar, con la letra «O». Debemos estar dispuestos a Otorgar perdón constantemente por las fallas cometidas. En cuarto lugar, con la letra «R». Debemos Reiteradamente con palabras y acciones expresar nuestro cariño y afecto a nuestro cónyuge.

Creo que si Dios nos pone a la disposición virtudes que son excelentes para una adecuada relación con Él y nuestros semejantes y Él puede darnos, el poder, la capacidad de ser sensibles y tolerantes haríamos bien en depender de Él. Si Dios, además nos dio dos orejas, dos ojos y una boca, haríamos bien en usarlos en la proporción adecuada, es decir, observar más, escuchar más y hablar menos. Dice Salomón: «El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas igualmente ha hecho el Señor» (Proverbios 20:12). Otro proverbio dice: «El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará. El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento» (Proverbios 15:31–32).

Conversaciones con tacto

Otra característica de estas conversaciones es que deben ser realizadas con tacto. El tacto es el tino, el acierto, el comedimiento en las acciones o la expresión de juicios. Las diferencias no sólo deben ser escuchadas con tacto, con tino, sino es necesario que expresemos nuestros sentimientos con tacto también. El tacto nos exige que comuniquemos con palabras bien pensadas. Debemos mantener conversaciones honestas en que cada uno de los cónyuges tienen la libertad de expresar abiertamente sus sentimientos. Siempre que hablo de la honestidad tengo temor de que sea mal entendido. Si una persona quiere hablar con franqueza comete un serio error si piensa que tiene la libertad de decir todo lo que siente, cuando quiere, y como quiere, sin importarle los sentimientos de la persona con quien se está comunicando. La franqueza es la confianza o familiaridad en el trato, pero incluye tacto. Se debe ser sincero, se debe comunicar sin fingimiento, pero sin olvidar los sentimientos de la otra persona. Siempre termino riéndome cuando leo una ilustración que expresa bien lo que estoy compartiendo. Una señorita estudiante de la universidad que estaba siendo apoyada económicamente por sus padres se sentía muy desanimada por las malas calificaciones que estaba obteniendo. Ella tenía temor de perder el apoyo económico de sus padres y pensó que ellos tendrían serios problemas para entenderla. Después de buscar muchas opciones para comunicar su problema lo más adecuadamente posible, descubrió una creativa idea para suavizar la realidad y escribió a sus padres más o menos lo siguiente:

Queridos mamá y papá:
Recientemente pensé que sería bueno mandarles una nota para que estén conscientes de mis planes. Me he enamorado de una persona llamada Jim. Él se salió de la escuela secundaria después del penúltimo año para casarse. Más o menos hace un año atrás, se divorció.
Hemos tenido una relación bastante continua durante los dos meses pasados y planeamos casarnos en el otoño. Mientras tanto, he decidido irme a vivir con él en su departamento (pienso que puedo estar embarazada). De cualquier modo, debo comunicarles que abandoné la universidad la semana pasada, aunque quisiera terminar en algún momento en el futuro».

Hasta aquí terminaba la primera página y luego ella siguió escribiendo en la siguiente:

«Mami y papi, sólo quiero que ustedes sepan que todo lo que escribí hasta este momento no es más que una falsedad. Nada de lo que escribí en la página anterior es verdad; pero mami y papi, sí es verdad que no tengo una buena calificación en francés y que fallé en matemáticas. Es verdad que voy a necesitar un poco más de dinero para pagar mis estudios». (Chuck Swindoll: Growing Strong in the seasons of life [Robustecerse durante las temporadas de la vida], Multnomah Press, Portland Oregon, 1983, página 71)

Este es un buen ejemplo de que aun las malas noticias pueden ser comunicadas con tanta delicadeza que podrían parecer buenas.

Si ustedes quieren aprender a vivir como personas diferentes, deben tener una buena comunicación y ésta siempre debe ser realizada con tacto. Hágalo como si estuviera escribiendo su autobiografía, comuníquese con la misma honestidad y tacto que necesita un médico para comunicar las más tristes y trágicas verdades con respecto a la salud de sus pacientes.

Salomón confirma con claridad la necesidad de comunicarse con tacto en las relaciones interpersonales. Él dice que: «La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor. La lengua de los sabios adornará la sabiduría; mas la boca de los necios hablará sandeces» (Proverbios 15:1–2).

Es posible que algunos de mis lectores tengan la necesidad de ser ayudados para poder hacer un buen análisis de toda la amargura que sale de su boca cuando intenta comunicar. Tal vez en lo más profundo de su corazón hay sentimientos muy ocultos, tal vez hay amarguras no descubiertas que hacen que cada vez que intenta comunicar lo que siente, no puede comunicar otra cosa que no sea su dolor o los resentimientos que están anidados en su corazón. Jesucristo describe bien esta realidad cuando dice: «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45).

Es posible que algunos de ustedes necesitan sacar de su corazón heridas muy profundas y amarguras muy grandes que están impidiendo que tengan una buena relación conyugal. Tal vez, las heridas todavía existen y cada vez que existe un nuevo conflicto, gotas de limón caen en aquella herida y lo que sale de su boca son palabras llenas de resentimiento que anidan sentimientos de venganza. Si eso es lo que está ocurriendo, ustedes necesitan ayuda. No deben seguir viviendo con una bomba de tiempo en su interior.

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