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LA CARNADA ADECUADA (Lección 4)
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Cómo escoger y presentar el estudio bíblico apropiado

Texto clave

“Me he hecho todo para todos, para que de todos modos salve a algunos” (1 Corintios 9:22)

Idea central

Un buen pescador no utiliza la misma carnada en todas las circunstancias. Observa el lugar, conoce aquello que busca y escoge lo apropiado. De manera semejante, el instructor bíblico no comienza necesariamente por el tema que más le gusta enseñar, sino por aquel que puede responder mejor a la necesidad de la persona.

Esto no significa cambiar el mensaje bíblico para hacerlo más atractivo. Significa aprender de Jesús: presentar la misma verdad de manera comprensible, pertinente y cercana. La necesidad abre la puerta; la Biblia conduce progresivamente a la persona hacia una comprensión más amplia de Dios y de su verdad.

Objetivo de la lección

Al finalizar esta lección, el participante será capaz de identificar el tema bíblico más apropiado según las necesidades e intereses de una persona, seleccionar un curso o material adecuado y adaptar su manera de presentarlo sin alterar el mensaje bíblico. También aprenderá a preparar cada encuentro con oración, un objetivo definido y los materiales necesarios.


INTRODUCCIÓN — NO TODA CARNADA SIRVE PARA TODO PEZ

Un pescador experimentado sabe que no basta con lanzar algo al agua. Antes de hacerlo observa. ¿Dónde está pescando? ¿Qué especie busca? ¿A qué profundidad se encuentra? ¿Qué condiciones tiene el agua? La elección de la carnada puede determinar si los peces se acercan o pasan de largo.

En la enseñanza bíblica sucede algo parecido. Una persona que acaba de perder a un ser querido probablemente no necesita comenzar su primer estudio con las 2300 tardes y mañanas. Alguien preocupado por su matrimonio quizá esté buscando primero principios que puedan ayudar a su familia. Una persona angustiada por las guerras puede estar abierta a conocer lo que la Biblia dice acerca del futuro. Otra puede estar fascinada por las profecías y llegar a conocer a Cristo precisamente a través de ellas.

Jesús nunca cambió la verdad, pero no habló a todas las personas de la misma manera. A Nicodemo le habló del nuevo nacimiento (Juan 3:1-16); a la samaritana, del agua viva (Juan 4:7-26); a Marta, frente a la muerte de Lázaro, de la resurrección y la vida (Juan 11:21-27); y al joven rico le habló precisamente de aquello que dominaba su corazón (Marcos 10:17-22). El mensaje procedía de Dios, pero el punto de entrada estaba relacionado con la persona.

La lección anterior nos enseñó a echar la red. Ahora necesitamos aprender algo más: qué presentar cuando alguien acepta nuestra invitación.


1. ELEGIR EL TEMA SEGÚN LA NECESIDAD DE LA PERSONA

Juan 4:7-15

La conversación de Jesús con la mujer samaritana constituye un extraordinario modelo. Jesús no comenzó con una exposición doctrinal sistemática. Comenzó con algo que estaba delante de ambos: agua. Pero no se quedó en el agua. Desde una necesidad cotidiana condujo progresivamente a aquella mujer hacia una necesidad mucho más profunda.

Aquí aparece un principio fundamental para el instructor:

LA NECESIDAD ES EL PUNTO DE ENTRADA, NO EL PUNTO DE LLEGADA.

Si en las primeras lecciones aprendimos a escuchar, ahora comprendemos por qué era tan importante hacerlo. No podemos escoger adecuadamente un estudio si no conocemos a la persona.

Antes de decidir qué presentar, preguntémonos:

¿Qué está viviendo esta persona?
¿Qué preguntas está haciendo?
¿Qué le preocupa actualmente?
¿Qué espera encontrar?
¿Qué concepto tiene de Dios y de la Biblia?
¿Cuánto conocimiento bíblico posee?

El instructor no debería pensar primero: “¿Qué quiero enseñarle?”, sino: “¿Qué necesita comprender ahora y cómo puede la Biblia responder a esa necesidad?”

La verdad no cambia; el punto desde donde comenzamos a enseñarla puede cambiar.


2. UNA PERSONA, UNA NECESIDAD, UNA PUERTA DE ENTRADA

Las necesidades humanas pueden convertirse en puentes hacia las grandes verdades bíblicas. No se trata de utilizar los problemas de las personas para evangelizarlas, sino de mostrar que la Palabra de Dios habla realmente a la vida.

Podemos pensar en algunas puertas de entrada:

Si la persona busca o necesita…Podemos comenzar con…Y progresivamente conducir hacia…
EsperanzaPromesas de Dios, sufrimiento, futuroSegunda venida y restauración
FamiliaAmor, perdón, matrimonio, relacionesPrincipios de vida cristiana
SaludCuidado integral de la personaCuerpo como templo y estilo de vida
PropósitoSentido de la vida, identidad, decisionesCreación, salvación y discipulado
ProfecíaDaniel, señales, futuro del mundoCristo, conflicto cósmico y esperanza
DueloEsperanza frente a la muerteEstado de los muertos y resurrección
Ansiedad/miedoConfianza, oración y promesasCarácter de Dios y dependencia
Preguntas sobre DiosQuién es Dios y cómo se revelaJesús, Biblia y salvación

La secuencia es importante. Si una persona nos dice: “Tengo miedo de morir”, no deberíamos responder automáticamente con una lista de doctrinas. Podemos comenzar preguntando qué le produce ese temor, escucharla y posteriormente estudiar lo que Jesús enseñó acerca de la muerte, la resurrección y la esperanza.

NECESIDAD → PREGUNTA → BIBLIA → JESÚS → VERDAD → DECISIÓN

La necesidad nos ayuda a abrir la conversación; Cristo y su Palabra deben ocupar el centro del estudio.


3. ADAPTAR EL LENGUAJE SIN REBAJAR EL MENSAJE

1 Corintios 9:19-23

Pablo podía comunicarse con personas de contextos muy diferentes. Su capacidad de adaptación no significaba cambiar sus convicciones, sino aprender a construir puentes para comunicar el evangelio.

Aquí debemos distinguir dos cosas:

ADAPTAR NO ES ALTERAR

Podemos adaptar: el vocabulario, los ejemplos, las preguntas, la duración, el ritmo, las ilustraciones y el punto de partida.

Pero no debemos alterar: el sentido del texto bíblico, las enseñanzas de las Escrituras ni presentar como bíblico aquello que la Biblia no enseña.

Por ejemplo, con alguien que apenas conoce la Biblia probablemente sea mejor decir: “Vamos a descubrir qué enseña la Biblia acerca de lo que ocurre cuando una persona muere”.

En lugar de comenzar diciendo: “Hoy estudiaremos la doctrina antropológica acerca del estado de los muertos”.

El contenido puede ser el mismo. Lo que cambia es la manera de comunicarlo.

Jesús utilizó semillas con agricultores, peces con pescadores, ovejas con pastores, monedas, bodas, campos, casas y situaciones de la vida cotidiana. Las grandes verdades del Reino fueron explicadas mediante un lenguaje que la gente podía comprender.

Profundidad no significa complicación. Una verdad profunda también puede explicarse con sencillez.


4. ¿QUÉ CURSO BÍBLICO DEBO UTILIZAR?

Disponer de varios cursos bíblicos es una ventaja, pero también puede producir un error: creer que el material dirige el proceso. No. El curso es una herramienta; el instructor continúa acompañando a una persona.

Antes de escoger un curso conviene evaluar:

  • ¿Para quién fue diseñado?
  • ¿Cuál es su nivel de conocimiento bíblico?
  • ¿Qué temas aborda primero?
  • ¿Cuál es su lenguaje?
  • ¿Qué extensión tienen las lecciones?
  • ¿Es adecuado para su edad y contexto?
  • ¿Responde a la necesidad que hemos identificado?
  • ¿Permite avanzar hacia una comprensión integral del mensaje bíblico?

Podríamos disponer de diferentes rutas:

RUTA DE INICIACIÓN

Para personas con poco o ningún conocimiento bíblico. Comienza con Dios, Jesús, la Biblia, oración, salvación y esperanza.

RUTA DE NECESIDADES

Parte de temas como familia, ansiedad, salud, duelo, relaciones, propósito y esperanza, conectándolos progresivamente con las enseñanzas bíblicas.

RUTA PROFÉTICA

Especialmente apropiada para personas interesadas en Daniel, Apocalipsis, acontecimientos mundiales y el futuro.

RUTA DOCTRINAL

Para quien ya posee interés bíblico y desea comprender de manera sistemática las principales enseñanzas de las Escrituras.

No debemos tener miedo de comenzar por rutas diferentes. Lo importante es que exista una progresión, no una colección desordenada de temas.

El mejor curso no es necesariamente el que más le gusta al instructor, sino el que mejor puede acompañar a esa persona en su proceso de descubrimiento bíblico.


5. NO CONVIERTAS EL CURSO EN UNA CAMISA DE FUERZA

Supongamos que estamos siguiendo un curso y la siguiente lección corresponde a la profecía, pero la persona llega diciendo: “Esta semana murió mi padre. No puedo pensar en otra cosa.”

¿Continuamos mecánicamente con la lección programada?

Probablemente ese sea el momento de detener el programa y acompañarla desde la Biblia en su dolor.

Esto no significa abandonar el curso. Significa comprender que estamos enseñando a una persona, no simplemente terminando un temario. Después podremos regresar a nuestra secuencia.

El buen instructor sabe hacia dónde quiere conducir el estudio, pero también sabe detenerse cuando descubre que la persona necesita algo diferente. Resaltemos:

  • PERSONA ANTES QUE PROGRAMA
  • NECESIDAD ANTES QUE CALENDARIO
  • BIBLIA ANTES QUE MATERIAL

El curso sirve al instructor y al interesado. El interesado no existe para completar el curso.


6. PREPARAR CADA ESTUDIO ANTES DE PRESENTARLO

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado…” (2 Timoteo 2:15)

Nunca deberíamos llegar a un estudio bíblico pensando: “Ya conozco esta lección; improvisaré”. Cada persona es diferente y cada encuentro merece preparación.

Una buena preparación puede organizarse alrededor de cuatro elementos:

1. ORACIÓN

Antes de preparar nuestras palabras, preparamos nuestro corazón. Oramos por la persona, por su situación y para que el Espíritu Santo nos conceda sabiduría.

2. OBJETIVO

Debemos saber qué queremos que la persona comprenda al terminar.

Un estudio no debería intentar enseñar diez verdades simultáneamente.

Preguntémonos:

“Si al terminar esta reunión pudiera recordar solamente una verdad, ¿cuál debería ser?”

3. BIBLIA

Revisamos cuidadosamente los textos. Leemos su contexto y pensamos cómo explicarlos con claridad. La Biblia debe ser protagonista, no decoración del estudio.

4. MATERIALES

Preparamos con anticipación:

Biblia, lección, ilustraciones, vídeos si realmente ayudan, material complementario y cualquier recurso necesario.

Podemos resumir la preparación así: ORAR → DEFINIR → ESTUDIAR → PREPARAR


7. LA CARNADA NO ES EL ALIMENTO

Aquí la metáfora necesita una precisión importante.

En la pesca literal, la carnada sirve para atraer al pez. Pero en la misión no utilizamos engaños, promesas falsas ni estrategias manipuladoras para atraer personas.

La “carnada adecuada” representa simplemente el punto de contacto entre una necesidad humana y una verdad bíblica.

No hablamos de familia para esconder que después estudiaremos la Biblia. Hablamos de familia porque la Biblia realmente tiene algo que decir acerca de la familia.

No hablamos de ansiedad solamente para conseguir un estudiante. Hablamos de esperanza porque creemos que Cristo realmente puede ofrecer esperanza.

Por eso nuestra estrategia siempre debe ser transparente. No presentamos lo que la persona quiere escuchar; presentamos lo que necesita descubrir, comenzando desde donde ella se encuentra.


ACTIVIDAD PRÁCTICA — “ESCOGE LA CARNADA”

Dividan a los participantes en pequeños grupos. Cada grupo recibe un perfil diferente:

Caso A: Mujer de 45 años que acaba de perder a su madre y pregunta qué sucede después de la muerte.

Caso B: Matrimonio joven atravesando dificultades familiares.

Caso C: Universitario que no sabe si cree en Dios y busca propósito para su vida.

Caso D: Hombre preocupado por las guerras y los acontecimientos mundiales, interesado en Apocalipsis.

Caso E: Persona preocupada por su salud que desea realizar cambios en su estilo de vida.

Cada grupo deberá responder cuatro preguntas:

1. ¿Cuál es la necesidad principal?
2. ¿Con qué tema bíblico comenzarían?
3. ¿Qué texto o historia bíblica utilizarían como punto de entrada?
4. ¿Hacia qué otros temas podrían avanzar posteriormente?

Después, cada grupo presenta su propuesta.

El objetivo no es comprobar quién encontró “la única respuesta correcta”, sino aprender que personas diferentes pueden necesitar puntos de entrada diferentes hacia la misma Palabra de Dios.


DESAFÍO DE LA SEMANA — “PREPARA TU PRIMER ESTUDIO”

Retoma la persona a quien invitaste durante el desafío de “Echar la red”. Si todavía no tienes una persona concreta, selecciona uno de los nombres de tu mapa de oración.

Ahora realiza cinco pasos: OBSERVA → IDENTIFICA → ESCOGE → PREPARA → ORA

OBSERVA: ¿Qué está viviendo esta persona?

IDENTIFICA: ¿Cuál parece ser su principal necesidad o pregunta?

ESCOGE: ¿Qué tema o estudio bíblico podría ser apropiado para comenzar?

PREPARA: Define un objetivo, selecciona los textos bíblicos y organiza el material.

ORA: Presenta específicamente a esa persona delante de Dios antes del encuentro.

La próxima semana cada participante debería poder responder:

“Esta es mi persona, esta es su necesidad, este es el estudio que escogí y esta es la razón por la que considero apropiado comenzar por allí.”


CONCLUSIÓN — EL MISMO MAR, PERSONAS DIFERENTES

Un pescador aprende con el tiempo que conocer el mar no significa solamente saber navegar. También significa observar, distinguir y actuar de acuerdo con aquello que encuentra.

El instructor bíblico necesita desarrollar esa misma sensibilidad. No enseñamos temas; enseñamos la Biblia a personas. Y las personas llegan con historias diferentes, heridas diferentes, conocimientos diferentes y preguntas diferentes.

Nuestra misión no consiste en cambiar el mensaje para adaptarlo a cada persona. Consiste en descubrir por qué puerta puede entrar ese mensaje en su realidad.

Jesús lo hizo constantemente. Una mujer llegó buscando agua y encontró agua de vida. Un hombre religioso llegó preguntando de noche y escuchó acerca del nuevo nacimiento. Una hermana lloraba delante de una tumba y escuchó: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25).

El Maestro conocía la verdad, pero también conocía a la persona que tenía delante.

FRASE FINAL

El buen instructor no cambia la verdad según la persona; aprende a presentar la verdad comenzando donde la persona se encuentra.

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