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¿POR QUÉ LOS ADVENTISTAS ENSEÑAMOS QUE JESÚS PASÓ AL LUGAR SANTÍSIMO EN 1844?
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Hebreos 9:12, el santuario celestial y el juicio anterior al regreso de Cristo

“Entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno”
Hebreos 9:12, NVI

La enseñanza adventista de que Cristo comenzó en 1844 su ministerio en el Lugar Santísimo ha generado una pregunta legítima: ¿no afirma Hebreos 9:12 que Jesús ya había entrado allí después de su ascensión?

Si Cristo entró en la presencia de Dios en el siglo I, ¿cómo podemos decir que pasó al Lugar Santísimo en 1844?

La respuesta requiere distinguir entre dos realidades complementarias:

  1. La entrada de Cristo al santuario celestial después de su ascensión, cuando fue entronizado e inaugurado como nuestro Sumo Sacerdote.
  2. El comienzo de una nueva fase de su ministerio en 1844, correspondiente al Día de la Expiación, la purificación del santuario y el juicio anterior a su segunda venida.

Hebreos 9:12 no contradice esta enseñanza. Al contrario, establece su fundamento indispensable: Cristo ya se encuentra en el santuario celestial, ha ofrecido un sacrificio perfecto y ministra ante Dios en favor de la humanidad.

1. El sacrificio de Jesús fue completo en la cruz

Lo primero que debemos afirmar es que el sacrificio expiatorio de Cristo fue completo, perfecto y suficiente en la cruz.

Jesús declaró: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30)

Hebreos también afirma: “Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos” (Hebreos 9:28)

Y añade: “Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14)

Los adventistas no enseñamos que Jesús comenzó a completar en 1844 un sacrificio que hubiera quedado incompleto en el Calvario. Tampoco enseñamos que Cristo tenga que morir nuevamente o añadir algún mérito a su sangre.

La cruz produjo el sacrificio perfecto y suficiente. El ministerio celestial aplica, administra y lleva hasta sus consecuencias finales los beneficios de ese sacrificio.

Podemos expresarlo de esta manera: En la cruz, Cristo obtuvo la salvación; en el santuario celestial, Cristo ministra y aplica los beneficios de esa salvación.

La Creencia Fundamental número 24 de la Iglesia Adventista declara que el sacrificio expiatorio de Cristo fue ofrecido “una vez para siempre” y que, después de su ascensión, comenzó su ministerio intercesor como nuestro Sumo Sacerdote.[1]

2. Jesús entró al santuario celestial después de su ascensión

Hebreos enseña claramente que Cristo ascendió al cielo y compareció ante Dios: “Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios en favor nuestro” (Hebreos 9:24)

También declara: “Tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano” (Hebreos 8:1, 2)

Desde su ascensión, Jesús:

  • Está ante la presencia del Padre.
  • Es nuestro Sumo Sacerdote.
  • Intercede por nosotros.
  • Nos representa ante Dios.
  • Aplica los méritos de su sacrificio.
  • Nos ofrece perdón, gracia y acceso al trono celestial.

Hebreos 4:16 nos invita: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia”.

Por tanto, sería incorrecto enseñar que Jesús estuvo separado del Padre hasta 1844 o que no tuvo acceso a la presencia divina antes de esa fecha.

Jesús regresó al Padre después de su ascensión, fue glorificado, entronizado e inaugurado como Rey y Sumo Sacerdote.

3. ¿Dice Hebreos 9:12 literalmente “Lugar Santísimo”?

Aquí encontramos un aspecto exegético muy importante.

La expresión griega de Hebreos 9:12 es: τὰ ἅγια — ta hágia

Esta expresión significa literalmente “los lugares santos”, “las cosas santas” o simplemente “el santuario”.

Algunas versiones bíblicas traducen ta hágia como “Lugar Santísimo”. Otras prefieren “santuario” o “lugares santos”.

La traducción “Lugar Santísimo” es una interpretación posible dentro de determinados contextos, pero no es el único significado gramatical de la expresión.

Hebreos utiliza expresiones más precisas cuando quiere distinguir los dos departamentos del santuario terrenal:

  • En Hebreos 9:2 llama al primer departamento hágia, “Lugar Santo”.
  • En Hebreos 9:3 llama al segundo hágia hagíōn, “Lugar Santísimo” o “Santo de los Santos”.
  • En Hebreos 9:12 utiliza ta hágia, expresión que puede abarcar el santuario celestial como una totalidad.

Por tanto, Hebreos 9:12 no necesariamente está afirmando que, al ascender, Jesús comenzó inmediatamente la fase antitípica del Día de la Expiación. El texto afirma que Cristo entró de una vez para siempre en el santuario celestial, llevando los méritos de su propia sangre.

Gerhard Hasel y otros investigadores adventistas han señalado que, cuando ta hágia aparece por sí sola en Hebreos, suele designar el santuario como un todo y no obligatoriamente uno de sus departamentos.[2]

Una reseña publicada por el Instituto de Investigación Bíblica llega a la misma conclusión: en Hebreos, la forma plural ta hágia, cuando aparece sin otra especificación, se refiere normalmente al santuario completo, no exclusivamente al Lugar Santo ni al Lugar Santísimo.[3]

Una traducción exegéticamente prudente de Hebreos 9:12 sería: “Entró una vez para siempre en el santuario, habiendo obtenido eterna redención”.

4. ¿Qué sucedió entonces en la ascensión?

La entrada de Cristo al cielo después de su ascensión debe comprenderse dentro del contexto de la inauguración del santuario celestial y del nuevo pacto.

Hebreos 9 no se limita al Día de la Expiación. También utiliza elementos relacionados con:

  • La ratificación del pacto.
  • La inauguración del santuario.
  • La consagración del sacerdocio.
  • La entrada de Cristo a la presencia de Dios.
  • El inicio de su ministerio sumosacerdotal.

Hebreos 9:18–23 recuerda que el primer pacto y el santuario terrenal fueron inaugurados con sangre. De modo semejante, la muerte, resurrección y ascensión de Cristo inauguraron el nuevo pacto y su ministerio celestial.

La mención de “machos cabríos y becerros” en Hebreos 9:12 no obliga a interpretar el pasaje exclusivamente como una referencia al Día de la Expiación. Estos animales también aparecen en los sacrificios de inauguración del santuario descritos en Números 7.

Félix Cortez sostiene que la ascensión descrita en Hebreos debe entenderse como la inauguración y entronización de Cristo. Jesús entra al santuario celestial, se presenta ante el Padre y comienza su ministerio como Rey y Sumo Sacerdote.[4]

Esto corresponde también con Apocalipsis 4 y 5, donde Cristo aparece ante el trono de Dios como el Cordero que fue sacrificado y recibe autoridad para desarrollar los acontecimientos de la historia.

La ascensión no representa el comienzo del Día de la Expiación antitípico, sino la inauguración del ministerio celestial de Cristo.

5. ¿Qué significa “dentro del velo” en Hebreos 6:19–20?

Otro texto utilizado en esta discusión es Hebreos 6:19–20: “La esperanza es para nosotros como un ancla firme y segura del alma, que penetra hasta detrás de la cortina del santuario, hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros”.

Algunas traducciones dicen “dentro del velo” y consideran que solamente puede referirse al velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo.

Sin embargo, el santuario terrenal tenía más de un velo:

  • Un velo daba acceso al primer departamento.
  • Otro separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo.

La expresión “dentro del velo” no identifica necesariamente cuál de los velos está en consideración. Su énfasis principal es que Jesús ha entrado en la presencia de Dios y ha abierto para nosotros un acceso seguro al santuario celestial.

Richard M. Davidson estudió los antecedentes veterotestamentarios de esta expresión y concluyó que “dentro del velo” no debe restringirse automáticamente al segundo departamento. Su función en Hebreos es destacar el acceso de Cristo al santuario celestial y su ministerio como nuestro precursor y Sumo Sacerdote.[5]

El mensaje central de Hebreos 6 no es definir el momento del juicio, sino asegurar al creyente que su esperanza está anclada en la presencia de Dios porque Jesús entró allí en favor nuestro.

6. El santuario terrenal tenía servicios diarios y anuales

Para comprender la enseñanza adventista debemos regresar al modelo bíblico del santuario.

El servicio del santuario israelita tenía dos grandes fases:

El servicio diario

Durante el año se ofrecían sacrificios por los pecados. Los sacerdotes ministraban regularmente en el Lugar Santo.

Este servicio representaba:

  • El perdón.
  • La reconciliación.
  • La intercesión.
  • La aplicación de la sangre.
  • La restauración de la relación entre Dios y el pecador.

El servicio anual

Una vez al año, en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo: “En la segunda parte entra únicamente el sumo sacerdote, y solo una vez al año” (Hebreos 9:7)

Levítico 16 describe este día como una jornada de:

  • Purificación del santuario.
  • Expiación final.
  • Examen del pueblo.
  • Separación entre los fieles y los rebeldes.
  • Eliminación simbólica de los pecados.
  • Vindicación del santuario y del gobierno de Dios.

Quienes aceptaban la gracia divina participaban en el día con arrepentimiento y humildad. Quienes rechazaban conscientemente esa provisión eran separados del pueblo: “Todo el que no se niegue a sí mismo durante ese día será eliminado de su pueblo” (Levítico 23:29)

Por eso, el Día de la Expiación tenía una dimensión judicial.

Elena de White resumió estas dos fases afirmando que el ministerio sacerdotal desarrollado durante el año era seguido por la obra especial de purificación realizada en el Día de la Expiación.[6]

7. Daniel 7 presenta un juicio antes del regreso de Cristo

La doctrina adventista de 1844 no depende solamente de la estructura del santuario. También surge de las profecías de Daniel.

Daniel 7 describe una escena celestial: “Mientras yo miraba, se colocaron unos tronos, y tomó asiento un venerable Anciano… Al iniciarse el juicio, los libros fueron abiertos” (Daniel 7:9, 10)

Después aparece el Hijo del hombre: “Vi que alguien con aspecto humano venía entre las nubes del cielo. Se acercó al venerable Anciano y fue llevado a su presencia” (Daniel 7:13)

Debemos observar la dirección del movimiento. El Hijo del hombre no viene del cielo a la tierra. Se dirige hacia el Anciano de Días dentro de la escena celestial.

La secuencia de Daniel 7 es:

  1. Los poderes terrenales actúan.
  2. El cuerno pequeño persigue a los santos.
  3. Se establece el tribunal celestial.
  4. Se abren los libros.
  5. El Hijo del hombre comparece ante el Anciano de Días.
  6. Se pronuncia una sentencia favorable a los santos.
  7. Cristo recibe el reino.
  8. El reino es entregado al pueblo de Dios.

Este juicio ocurre después del período de supremacía del cuerno pequeño, pero antes de que los santos reciban plenamente el reino. Por eso se lo denomina juicio preadvenimiento, es decir, anterior al regreso de Cristo.

La escena de Daniel 7:9–14 es paralela a la purificación del santuario de Daniel 8:14.

8. “Hasta 2300 tardes y mañanas”

Daniel 8:13 plantea una pregunta: “¿Hasta cuándo durará esta visión?”

La respuesta es: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8:14)

La palabra traducida como “purificado” procede del verbo hebreo tsādaq, que puede incluir las ideas de restaurar, vindicar, justificar o poner en su estado correcto.

El santuario había sido atacado simbólicamente por el cuerno pequeño:

  • Había usurpado el ministerio del Príncipe.
  • Había atacado la verdad.
  • Había perseguido al pueblo de Dios.
  • Había presentado un sistema alternativo de mediación y perdón.
  • Había oscurecido el ministerio celestial de Cristo.

La restauración del santuario implica, por tanto:

  • Recuperar la verdad acerca del ministerio de Cristo.
  • Vindicar el gobierno de Dios.
  • Juzgar al poder perseguidor.
  • Pronunciar una sentencia favorable al pueblo fiel.
  • Preparar la eliminación definitiva del pecado.

Roy Gane señala que el verbo de Daniel 8:14 posee una dimensión judicial. La vindicación del santuario significa demostrar públicamente la justicia del gobierno de Dios frente al sistema del cuerno pequeño.[7]

9. ¿Cómo se llega desde las 2300 tardes y mañanas hasta 1844?

En la profecía apocalíptica, los días simbólicos representan años. Este principio aparece en textos como Números 14:34 y Ezequiel 4:6.

Daniel 8 presenta símbolos proféticos:

  • Un carnero representa a Medopersia.
  • Un macho cabrío representa a Grecia.
  • Los cuernos representan reyes y reinos.
  • Las 2300 tardes y mañanas forman parte de esa visión simbólica.

El período debe abarcar los imperios mencionados y llegar hasta el tiempo del fin. Por eso, 2300 días literales resultarían insuficientes.

Daniel 8 no proporciona explícitamente la fecha inicial del período. Daniel 9 retoma el problema después de que Daniel reconoce que no había comprendido la visión.

En Daniel 9, el ángel Gabriel vuelve para darle entendimiento: “Daniel, he venido en este momento para que entiendas todo con claridad” (Daniel 9:22)

Las setenta semanas de Daniel 9 están relacionadas con la visión anterior y comienzan con la orden para restaurar y reconstruir Jerusalén: “Desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén…” (Daniel 9:25)

El decreto que proporcionó autoridad civil, judicial y religiosa para la restauración de Jerusalén fue el de Artajerjes I, emitido en 457 a. C. y registrado en Esdras 7.

Las setenta semanas —490 años proféticos— constituyen la primera sección del período mayor de 2300 años:

  • 457 a. C.: decreto de Artajerjes.
  • 27 d. C.: bautismo y unción de Jesús.
  • 31 d. C.: muerte de Cristo a la mitad de la última semana.
  • 34 d. C.: final de las setenta semanas.
  • 1844: final de los 2300 años.

Desde 457 a. C. hasta 1844 d. C. transcurren 2300 años, recordando que en la transición de a. C. a d. C. no existe un año cero.

Ángel Manuel Rodríguez explica que Daniel 8:14 y Daniel 9:24–27 forman una unidad profética y que el final de los 2300 años señala el momento en que Cristo comienza la segunda fase de su ministerio mediador.[8]

10. ¿Qué ocurrió en 1844?

En 1844 Jesús no comenzó su ministerio sacerdotal. Ese ministerio había comenzado en su ascensión. Tampoco ofreció un nuevo sacrificio. Su único sacrificio había sido realizado en la cruz. En 1844 Cristo comenzó la fase final de su ministerio celestial, tipificada por el Día de la Expiación.

Esta fase comprende:

  • La purificación o vindicación del santuario.
  • El juicio anterior a la segunda venida.
  • La confirmación pública de quiénes permanecen unidos a Cristo.
  • La vindicación de los creyentes frente a las acusaciones de Satanás.
  • La condenación de los poderes que persiguieron al pueblo de Dios.
  • La preparación para la eliminación definitiva del pecado.
  • La recepción del reino por parte de Cristo.
  • La preparación inmediata para su segunda venida.

La Creencia Fundamental número 24 declara que en 1844 Cristo comenzó “la segunda y última fase de su ministerio expiatorio”, tipificada por el ministerio del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo.[9]

Por tanto, decir que “Jesús pasó al Lugar Santísimo” es una manera tipológica de describir un cambio de fase y función dentro de su ministerio celestial.

No debemos reducirlo a la idea de que Jesús simplemente cambió de habitación, como si hubiera permanecido físicamente separado del Padre hasta 1844.

El santuario celestial es real, pero supera al modelo terrenal. Los movimientos y espacios del santuario israelita enseñan distintas funciones del ministerio de Cristo.

La formulación más precisa sería: En 1844 Cristo comenzó la fase de su ministerio celestial correspondiente al Lugar Santísimo y al Día de la Expiación: la obra de juicio, purificación y vindicación que precede a su segunda venida.

11. ¿Hebreos 9:12 contradice o refuerza 1844?

Hebreos 9:12 no contradice la enseñanza adventista cuando se interpreta dentro de su contexto y respetando el significado de ta hágia.

El texto afirma que:

  • Cristo entró al santuario celestial.
  • Entró con los méritos de su propia sangre.
  • Su entrada fue eficaz y definitiva.
  • Su sacrificio obtuvo redención eterna.
  • Su ministerio supera por completo al sacerdocio levítico.

Hebreos no pretende establecer en 9:12 la fecha del comienzo del juicio preadvenimiento. Su propósito es demostrar la superioridad de Cristo, de su sangre, de su sacerdocio y del santuario celestial.

El tiempo de la purificación del santuario se revela especialmente en Daniel 8:14. La naturaleza judicial del acontecimiento aparece en Daniel 7:9–14. El modelo tipológico se encuentra en Levítico 16. Hebreos muestra que todo esto solamente puede realizarse mediante el sacrificio y el sacerdocio superior de Cristo.

Ángel Manuel Rodríguez observa que Hebreos 9:23 reconoce que las realidades celestiales debían ser purificadas, pero no declara que esa purificación ocurriera inmediatamente después de la ascensión. El texto establece la realidad de la obra purificadora; Daniel proporciona su marco profético.[10]

Por tanto: Daniel nos indica cuándo comienza la purificación; Levítico explica su tipología; Hebreos revela quién la realiza y con qué sacrificio; Apocalipsis muestra su dimensión final y universal.

12. ¿Por qué se necesita un juicio si Dios ya conoce todo?

Dios no necesita examinar libros para obtener información. Él conoce perfectamente a cada persona. El juicio tiene una función reveladora y pública dentro del gran conflicto.

Satanás ha acusado:

  • A Dios de ser injusto.
  • A su ley de ser arbitraria.
  • A los creyentes de servir a Dios por interés.
  • A los pecadores perdonados de no merecer la salvación.

El juicio demuestra que Dios es justo al salvar a quienes permanecen unidos a Cristo.

Daniel 7 no presenta el juicio como una amenaza para los santos, sino como una decisión en su favor: “Se emitió el juicio en favor de los santos del Altísimo” (Daniel 7:22)

Para quien permanece en Cristo, el Juez es también:

  • Su Salvador.
  • Su Sacrificio.
  • Su Sumo Sacerdote.
  • Su Mediador.
  • Su Intercesor.
  • Su Abogado.

La doctrina del juicio no fue dada para producir terror, sino seguridad en Cristo.

13. El juicio no enseña salvación por obras

El juicio bíblico toma en serio las obras, pero no enseña que somos salvados por ellas. Las obras revelan la realidad de nuestra relación con Cristo. Son evidencias, no méritos.

Jesús dijo: “Por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:20)

Pablo escribió: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2:10)

No somos salvados porque nuestras obras sean suficientes. Somos salvados por gracia mediante la fe, y una fe verdadera produce una vida transformada.

En el juicio, nuestra única esperanza es estar en Cristo: “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús” (Romanos 8:1)

El juicio revela quiénes aceptaron realmente la gracia de Dios y permitieron que Cristo obrara en sus vidas.

14. El Día de la Expiación y la seguridad del creyente

El Día de la Expiación no era solamente un día de examen. También era un día de purificación y liberación.

Levítico 16:30 declara: “En ese día se hará expiación por ustedes para purificarlos, y serán purificados de todos sus pecados delante del Señor”.

La atención principal no se encuentra en la capacidad humana para purificarse, sino en la obra que Dios realiza en favor de su pueblo.

Cristo no está buscando razones para excluir a quienes confían en Él. Está defendiendo, purificando y preparando a su pueblo.

Nuestro Sumo Sacerdote:

  • Conoce nuestra debilidad.
  • Comprende nuestras luchas.
  • Presenta su justicia en nuestro favor.
  • Perdona nuestros pecados confesados.
  • Transforma nuestro carácter.
  • Nos prepara para su reino.

Por eso Hebreos declara: “Puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25)

15. Implicaciones prácticas de 1844

La doctrina del santuario no debe quedarse en cálculos proféticos. Debe transformar nuestra vida.

Cristo está vivo y trabaja por nosotros

Jesús no terminó su obra cuando ascendió al cielo. Continúa ministrando como nuestro Sumo Sacerdote.

Podemos acercarnos confiadamente a Dios

No necesitamos mediadores humanos. Cristo es nuestro único Mediador y Abogado.

Vivimos en una hora solemne

Apocalipsis proclama: “Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio” (Apocalipsis 14:7). La hora del juicio nos invita a vivir con fidelidad, reverencia y sentido de misión.

El juicio está en favor del pueblo de Dios

El juicio condena al poder perseguidor y entrega el reino a los santos. Para quienes permanecen en Cristo es una noticia de esperanza.

Dios eliminará definitivamente el pecado

El plan de salvación no termina solamente con el perdón individual. Dios limpiará el universo del pecado, vindicará su carácter y restaurará todas las cosas.

Conclusión

Hebreos 9:12 no contradice la doctrina adventista de 1844.

Jesús entró al santuario celestial después de su ascensión, compareció ante el Padre, fue entronizado e inaugurado como nuestro Sumo Sacerdote. Desde entonces ha intercedido en favor de la humanidad sobre la base de su sacrificio perfecto y definitivo.

La expresión griega ta hágia de Hebreos 9:12 se refiere apropiadamente al santuario celestial y no exige que la fase antitípica del Día de la Expiación comenzara en el siglo I.

En 1844 Cristo no entró por primera vez en la presencia de Dios ni añadió algo a su sacrificio. Comenzó la fase final de su ministerio celestial, tipificada por el servicio del Lugar Santísimo: la purificación del santuario, el juicio preadvenimiento y la vindicación del gobierno de Dios y de su pueblo.

La enseñanza puede resumirse así:

La pregunta más importante no es solamente: “¿En qué lugar ministra Jesús?”, sino: ¿Estoy confiando hoy en la obra que Jesús realiza en mi favor?///////.


Notas y bibliografía

[1] Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. “Christ’s Ministry in the Heavenly Sanctuary”, Creencia Fundamental número 24. La declaración afirma que Cristo fue inaugurado como Sumo Sacerdote en su ascensión y que en 1844 comenzó la segunda fase de su ministerio celestial.

[2] Hasel, Gerhard F. “Ta Hagia in the Epistle to the Hebrews”. En Frank B. Holbrook, ed., Issues in the Book of Hebrews. Daniel and Revelation Committee Series, vol. 4. Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, General Conference of Seventh-day Adventists, 1989. Hasel analiza el empleo de ta hágia y su uso para designar el santuario celestial como una totalidad.

[3] Pfandl, Gerhard. Reseña de Martin Pröbstle, Himmel auf Erden: Gott begegnet uns im Heiligtum. Biblical Research Institute. La reseña resume la conclusión de que ta hágia, cuando aparece sola en Hebreos, designa el santuario completo.

[4] Cortez, Félix H. “Atonement and Inauguration at the Heavenly Sanctuary: A Wider Perspective to Jesus’s Ascension in Hebrews”. En Earthly Shadows, Heavenly Realities: Temple/Sanctuary Cosmology in Ancient Near Eastern, Biblical, and Early Jewish Literature. Publicado en 2016. Véase también Cortez, Félix H., Within the Veil: The Ascension of the Son in the Letter to the Hebrews. Dallas, TX: Fontes Press, 2020.

[5] Davidson, Richard M. “Christ’s Entry ‘Within the Veil’ in Hebrews 6:19–20: The Old Testament Background”. Andrews University Seminary Studies 39, no. 2, otoño de 2001, pp. 175–190. Davidson estudia el uso veterotestamentario de la expresión y sostiene que no debe restringirse automáticamente al segundo velo.

[6] White, Elena G. The Great Controversy Between Christ and Satan. Mountain View, CA: Pacific Press Publishing Association, 1911, pp. 421–422. Edición castellana: El conflicto de los siglos, capítulos 23–24. White presenta el servicio diario y el Día de la Expiación como figuras de dos fases del ministerio celestial de Cristo.

[7] Gane, Roy. “Is There a Pre-Advent Judgment of God’s Loyal People in Daniel 8:14?” Biblical Research Institute. Gane estudia el sentido judicial del verbo hebreo tsādaq y la vindicación del santuario, del gobierno de Dios y de su pueblo.

[8] Rodríguez, Ángel Manuel. “Response to: ‘The Investigative Judgment: A Bible-Based Doctrine?’” Biblical Research Institute. Rodríguez relaciona las setenta semanas de Daniel 9 con las 2300 tardes y mañanas de Daniel 8 y sitúa su final en 1844.

[9] Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Seventh-day Adventists Believe: An Exposition of the Fundamental Beliefs of the Seventh-day Adventist Church. 3.ª ed. Silver Spring, MD: General Conference of Seventh-day Adventists, 2018, capítulo 24, “Christ’s Ministry in the Heavenly Sanctuary”.

[10] Rodríguez, Ángel Manuel. “Response to: ‘The Investigative Judgment: A Bible-Based Doctrine?’” Biblical Research Institute. Su análisis de Hebreos 9:23 distingue entre el sacrificio completo realizado en la cruz y la obra celestial de purificación y juicio.

[11] White, Elena G. The Great Controversy Between Christ and Satan, pp. 423–432. Edición castellana: El conflicto de los siglos, capítulo 24, “En el Lugar Santísimo”. White relaciona Daniel 8:14, Daniel 7:13, Malaquías 3:1 y la llegada del esposo en Mateo 25 con el comienzo de la fase final del ministerio de Cristo.

[12] Cortez, Félix H. “‘Shaking the Heavens and the Earth’: Daniel and the Eschatology of Hebrews”. Biblical Research Institute. Cortez estudia las conexiones entre Daniel y Hebreos y propone que el ministerio celestial de Cristo posee fases que conducen hacia el juicio y la consumación.


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1 thought on “¿POR QUÉ LOS ADVENTISTAS ENSEÑAMOS QUE JESÚS PASÓ AL LUGAR SANTÍSIMO EN 1844?”

  1. Santos Corrales dice:

    Saludos, excelente material informativo. Un abrazo.

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