«No temas; desde ahora serás pescador de hombres» (Lucas 5:10) – Pasaje de apoyo: Lucas 5:1–11

Jesús no llamó a Pedro simplemente para que creyera en Él, sino para que caminara con Él y participara de su misión. «Desde ahora serás pescador de hombres» no fue una sugerencia ni una invitación reservada para unos pocos; fue una nueva razón para vivir. Quien ha sido alcanzado por la gracia no puede conformarse con contemplar desde la orilla mientras otros continúan perdidos en el inmenso mar de la vida.
Fuera de nuestras iglesias hay personas que se hunden silenciosamente en la culpa, la soledad, el dolor y la desesperanza. Algunas sonríen, trabajan y aparentan estar bien, pero por dentro claman por alguien que las escuche y les muestre el camino hacia Jesús. Pescar significa verlas con los ojos de Cristo, acercarnos con amor y tenderles la red del evangelio antes de que las corrientes de este mundo las arrastren más lejos.
Pedro conocía el mar, las redes y el cansancio de trabajar sin obtener resultados. Sin embargo, el milagro no ocurrió por su experiencia, sino cuando decidió obedecer la palabra de Jesús. Nosotros tampoco podemos transformar el corazón de nadie; esa obra le pertenece a Dios. Pero sí tenemos el deber de echar la red, compartir la Palabra, visitar, escuchar, orar y acompañar. El resultado es de Cristo; la obediencia es nuestra.
Toda pesca exige esfuerzo. Hay que dejar la comodidad de la orilla, entrar en aguas profundas y permanecer aun cuando parezca que nada sucede. Una red guardada nunca se rompe, pero tampoco atrapa nada. Una iglesia que no sale quizá conserve intactas sus estructuras, pero habrá olvidado la razón de su existencia. Fuimos llamados a buscar personas, no simplemente a ocupar un lugar cada semana.
Tal vez hoy exista alguien esperando precisamente tu llamada, tu visita, una oración o una invitación para estudiar la Biblia. Quizá esa persona nunca entre por sí sola en una iglesia, pero puede encontrarse con Jesús cuando tú decidas acercarte. Nunca sabrás cuánto puede cambiar una vida por un acto sencillo de amor y obediencia. Al otro lado de tu temor puede haber una persona esperando ser rescatada.
Jesús continúa caminando por nuestras orillas y diciendo: «Sígueme». Su voz sigue llamándonos a dejar la indiferencia, preparar las redes y salir al encuentro de quienes necesitan esperanza. No fuimos salvados para permanecer sentados en la barca, sino para participar en la mayor misión de la historia. El mar está delante de nosotros, las personas están esperando y Cristo ya ha dado la orden: es tiempo de echar las redes.///////.

