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¿PUERTA ABIERTA? ¿PUERTA CERRADA? LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA
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La Iglesia Adventista del Séptimo Día no apareció completamente organizada después del Gran Chasco del 22 de octubre de 1844. Su formación fue el resultado de casi dos décadas de estudio bíblico, correcciones doctrinales, encuentros entre pequeños grupos y un progresivo reconocimiento de su misión. Para comprender este proceso es necesario situarnos en el movimiento millerita y, particularmente, en la división que se produjo entre los llamados adventistas de la «puerta abierta» y de la «puerta cerrada».

Esta distinción requiere cuidado. Las expresiones «puerta abierta» y «puerta cerrada» no siempre conservaron el mismo significado, ni identificaron desde el principio a denominaciones formalmente organizadas. En muchos casos describían posiciones interpretativas dentro de un adventismo fragmentado. Además, la comprensión de la «puerta cerrada» experimentó una transformación considerable entre 1844 y 1852.

El movimiento millerita y el Gran Chasco

Durante las décadas de 1830 y 1840, William Miller, un agricultor y predicador bautista, proclamó que las profecías de Daniel señalaban la proximidad del regreso de Cristo. Miller identificó la purificación del santuario de Daniel 8:14 con la purificación de la Tierra mediante el fuego de la segunda venida.

Después de varios ajustes cronológicos, Samuel S. Snow presentó el argumento de que los 2300 días proféticos terminarían el 22 de octubre de 1844, fecha que correspondía al Día de la Expiación en el calendario caraíta utilizado por los milleritas. Miles de personas esperaron que Cristo regresara ese día.

Cuando la fecha pasó sin que ocurriera la segunda venida, los creyentes experimentaron lo que posteriormente se llamó el Gran Chasco. Algunos abandonaron por completo el movimiento; otros continuaron esperando el regreso de Cristo, pero admitieron que el cálculo profético había sido equivocado. Un tercer grupo sostuvo que el período profético había terminado correctamente, aunque los creyentes habían interpretado de manera equivocada el acontecimiento que debía producirse.

De este último sector surgiría posteriormente el adventismo sabatario y, finalmente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

¿Qué significaba la «puerta cerrada»?

La expresión procedía principalmente de la parábola de las diez vírgenes:

«Y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta» (Mateo 25:10).

Antes de 1844, William Miller había relacionado el cierre de la puerta con la terminación del tiempo de gracia inmediatamente anterior al regreso de Cristo. Por consiguiente, cuando Jesús no regresó el 22 de octubre, muchos milleritas concluyeron inicialmente que, aunque no comprendían lo sucedido, la obra de advertencia al mundo había terminado.

Esta convicción no fue inventada por Elena de White ni por los posteriores adventistas sabatarios. Fue una interpretación heredada del movimiento millerita y compartida inicialmente por varios de sus dirigentes. En febrero de 1845, Miller todavía se mostró favorable, al menos parcialmente, a la interpretación de la «puerta cerrada» presentada por Apollos Hale y Joseph Turner. Más adelante la rechazó. Advent Mirror (1845)

Hale y Turner sostenían que el clamor de medianoche se había cumplido en el movimiento del séptimo mes, que Cristo había venido espiritualmente como Esposo a las bodas y que, el 22 de octubre, se había cerrado la puerta de Mateo 25:10. En su forma más radical, esta posición significaba que el tiempo de gracia había terminado y que ya no podían convertirse nuevos pecadores.

Los adventistas de la «puerta abierta»

Durante la Conferencia de Albany, celebrada entre el 29 de abril y el 1 de mayo de 1845, la mayoría de los dirigentes milleritas rechazó la interpretación de la «puerta cerrada». También se distanció de la idea de que el 22 de octubre de 1844 hubiera ocurrido un cumplimiento profético claramente identificable.

Este sector continuó predicando la conversión y la proximidad de la segunda venida. Por eso llegó a ser asociado con la «puerta abierta». Sin embargo, dentro de él también existían diferencias. Algunos mantenían los principios generales de la interpretación profética de Miller, mientras que otros reconsideraron fechas, cálculos y diversas conclusiones del movimiento.

De este amplio sector surgieron posteriormente varias denominaciones adventistas. Por tanto, los adventistas de la «puerta abierta» no deben confundirse con la futura Iglesia Adventista del Séptimo Día. Aunque defendían que la oportunidad de salvación permanecía abierta, la mayoría rechazaba la significación profética específica del 22 de octubre de 1844.

Los adventistas de la «puerta cerrada»

Una minoría se negó a repudiar completamente la experiencia de 1844. Sus integrantes estaban convencidos de que Dios había dirigido el clamor de medianoche y que los 2300 días habían concluido el 22 de octubre. Por esa razón fueron conocidos como adventistas de la «puerta cerrada» o del «Esposo».

El grupo no era teológicamente uniforme. Bajo la misma denominación podían encontrarse interpretaciones equilibradas y manifestaciones extremistas. Algunos sostenían que ninguna persona podría salvarse después de octubre de 1844. Otros comenzaron a considerar que la puerta se había cerrado únicamente para quienes habían comprendido y rechazado conscientemente el mensaje adventista.

Aquí encontramos una de las grandes dificultades históricas: afirmar que alguien pertenecía al grupo de la «puerta cerrada» no explica por sí solo todo lo que esa persona creía. El significado de la expresión fue cambiando mientras los creyentes continuaban estudiando.

¿A qué grupo pertenecieron Elena Harmon y su familia?

Elena Harmon —posteriormente Elena G. de White— y su familia habían aceptado la predicación de William Miller. Debido a su adhesión al mensaje adventista, la familia Harmon fue separada de la Iglesia Metodista de Chestnut Street, en Portland, Maine, en septiembre de 1843.

Después del Gran Chasco, Elena y el círculo familiar que apoyaba su experiencia permanecieron entre los creyentes que sostenían que el movimiento de 1844 había sido dirigido por Dios y que el 22 de octubre conservaba significado profético. En ese sentido histórico, pertenecieron al sector de la «puerta cerrada», no al grupo mayoritario de Albany que abandonó la significación profética de aquella fecha.

No obstante, debe evitarse afirmar que todos los integrantes de la numerosa familia Harmon mantuvieron exactamente la misma posición durante todo el proceso. La documentación es mucho más clara respecto a Elena, sus padres y el círculo que respaldó su ministerio que respecto a cada uno de sus hermanos.

Elena Harmon aceptó inicialmente, como otros milleritas, que la puerta de la misericordia se había cerrado para el mundo. El propio Ellen G. White Estate reconoce que los pioneros estuvieron limitados durante algún tiempo por esa interpretación y que «aun Elena de White la aceptó». Al mismo tiempo, aclara que ella nunca afirmó que una visión le hubiera revelado que la oportunidad de salvación había terminado para toda la humanidad. whiteestate.org

Después de conocer a Jaime White y casarse con él en 1846, Elena formó parte del núcleo compuesto por Jaime White, José Bates, Hiram Edson y otros creyentes que continuaron defendiendo la validez profética de 1844. Durante algún tiempo fueron conocidos como adventistas del sábado y de la «puerta cerrada». whiteestate.org

Por tanto, la respuesta histórica breve es:

Elena Harmon y el círculo familiar que respaldó su ministerio se identificaron inicialmente con el sector de la «puerta cerrada», porque mantuvieron su confianza en el cumplimiento profético de 1844. Sin embargo, su comprensión del significado de esa puerta fue modificándose hasta abandonar la idea de que la gracia se hubiera cerrado para toda la humanidad.

Del fin de la gracia al ministerio en el santuario

La transformación comenzó cuando algunos creyentes volvieron a estudiar Daniel 8:14, Hebreos 8–9, Mateo 25 y Apocalipsis 3:7–8.

Hiram Edson llegó a la conclusión de que el error no se encontraba en la fecha, sino en el acontecimiento esperado. Cristo no había venido a la Tierra el 22 de octubre de 1844; había iniciado una nueva fase de su ministerio en el santuario celestial. Owen R. L. Crosier desarrolló bíblicamente esta interpretación en un artículo publicado en el Day-Star Extra del 7 de febrero de 1846.

Apocalipsis 3:7–8 proporcionó un nuevo marco:

«Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre… He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta».

De esta manera, los primeros adventistas sabatarios comenzaron a hablar de dos puertas relacionadas con el ministerio de Cristo: una puerta cerrada al terminar su ministerio en el lugar santo y una puerta abierta al comenzar su obra en el lugar santísimo. Elena de White describió esta comprensión indicando que Cristo había cerrado una puerta y abierto otra en el santuario celestial. whiteestate.org

Este desarrollo cambió radicalmente el sentido de la expresión. La «puerta cerrada» ya no tenía que significar que nadie más podía convertirse. Señalaba el cierre de una etapa del ministerio celestial de Cristo y el comienzo de otra.

Los estudios históricos adventistas identifican varias etapas en esta evolución: la interpretación millerita posterior al Chasco, la explicación del Esposo, la comprensión del santuario, el mensaje del sellamiento y, finalmente, la integración de estas enseñanzas en una misión evangelizadora. EGW Writings

La evidencia de nuevas conversiones

La experiencia también obligó a los pioneros a revisar sus conclusiones. Personas que no habían participado en el movimiento millerita comenzaron a aceptar el mensaje adventista. Algunas manifestaban una conversión cristiana genuina y se unían al pequeño grupo de creyentes.

Esto demostraba que el Espíritu Santo continuaba obrando. El 29 de julio de 1850, Elena de White afirmó que la verdad alcanzaría a otras personas que no habían oído ni rechazado conscientemente el mensaje adventista. next.egwwritings.org

Hacia 1851–1852, los adventistas sabatarios habían abandonado definitivamente la idea de que el tiempo de gracia hubiera terminado para el mundo. Para 1852, los fundadores de la futura Iglesia Adventista habían repudiado la forma original y excluyente de la doctrina de la «puerta cerrada». Advent Mirror (1845)

La puerta abierta de Apocalipsis 3 se convirtió entonces en una invitación a la misión. Si Cristo continuaba ministrando en el santuario celestial, el evangelio todavía debía ser proclamado. La comprensión de la obra de Cristo condujo al pequeño movimiento desde el aislamiento hacia una responsabilidad mundial.

De movimiento disperso a iglesia organizada

Entre 1848 y 1850 se celebraron las llamadas conferencias sabáticas. En ellas, creyentes procedentes de diferentes tradiciones estudiaron intensamente la Biblia. Gradualmente alcanzaron acuerdos sobre varios pilares doctrinales:

  • La segunda venida literal, visible y premilenial de Cristo.
  • El ministerio de Cristo en el santuario celestial.
  • La vigencia del sábado del séptimo día.
  • La inmortalidad condicional y el estado inconsciente de los muertos.
  • Los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14.
  • La manifestación del don profético.

Elena de White no elaboró por sí sola este sistema doctrinal. Los pioneros estudiaron extensamente las Escrituras y publicaron las razones bíblicas de sus conclusiones. Su ministerio contribuyó a confirmar, orientar y unificar al movimiento, pero ella misma remitía a los creyentes a los estudios bíblicos de los pioneros, particularmente en relación con el santuario. Biblical Research Institute

Durante la década de 1850, el movimiento creció y necesitó publicaciones, ministros acreditados, propiedades legalmente reconocidas y una estructura administrativa. En 1860 adoptó el nombre de «Adventistas del Séptimo Día». En mayo de 1863 se organizó oficialmente la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.

Una iglesia que aprendió mientras caminaba

La historia de la «puerta abierta» y la «puerta cerrada» muestra que la Iglesia Adventista no surgió mediante la entrega instantánea de un sistema doctrinal completo. Sus pioneros tuvieron que estudiar, debatir, corregir errores y ampliar su comprensión.

Elena de White y los demás fundadores no fueron ajenos a ese proceso. Inicialmente compartieron una interpretación equivocada heredada del millerismo: que la oportunidad de salvación se había cerrado para el mundo. Pero esa posición no permaneció estática. El estudio de la Biblia, la comprensión del santuario y la evidencia de nuevas conversiones los condujeron hacia una teología de la puerta abierta y una misión universal.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día nació precisamente cuando un pequeño grupo comprendió que conservar la fe en la conducción de Dios en 1844 no significaba encerrarse en el pasado. Significaba reconocer que Cristo había abierto una nueva etapa de su ministerio y que delante de sus seguidores había colocado una puerta que nadie podía cerrar.

Bibliografía en español

  • Knight, George R. Nuestra identidad: origen y desarrollo. Miami, FL: Asociación Publicadora Interamericana.
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  • White, Elena G. de. El conflicto de los siglos. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana.
  • Maxwell, C. Mervyn. Dilo al mundo: la historia de los adventistas del séptimo día. Miami, FL: Asociación Publicadora Interamericana.
  • Enciclopedia de Elena G. de White. «La cuestión de la puerta cerrada». Ellen G. White Estate.
  • Instituto de Investigación Bíblica. «El ministerio de Elena G. de White en la Iglesia Adventista del Séptimo Día».

Bibliografía en inglés

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  • Encyclopedia of Seventh-day Adventists. Artículos “Advent Mirror,” “Joseph Turner” y publicaciones adventistas posteriores a 1844.

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