La Doctrina del Hombre: creados por Dios, dependientes de Dios

Creencia 6 · La Creación
La Biblia comienza con una afirmación sencilla: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). Los adventistas del séptimo día creen que Dios es el Creador de todas las cosas. Él hizo el mundo por el poder de su palabra (Salmo 33:6, 9; Hebreos 11:3) en seis días literales y consecutivos, y descansó el séptimo.
Ese séptimo día, el sábado, fue bendecido y santificado como memorial perpetuo de la creación (Génesis 2:1–3; Éxodo 20:8–11). Cada semana recuerda que no somos producto del azar, sino obra de un Dios personal y amoroso.
La creación fue «buena en gran manera» (Génesis 1:31): perfecta, armoniosa y sin muerte ni sufrimiento. El ser humano fue su obra culminante, creado a imagen de Dios (Génesis 1:26–27). Recibió dignidad, libertad, capacidad moral y la tarea de cuidar el mundo como mayordomo.
Por qué importa: si Dios es Creador, también tiene poder para recrear. La doctrina de la creación sostiene el sábado, da valor a cada vida humana y anticipa la nueva creación que Dios hará al final (Apocalipsis 4:11; 14:7; 21:5).
Creencia 7 · La Naturaleza del Hombre
Según la Biblia, el ser humano es una unidad indivisible. Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, «y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7). No tiene un alma separada: es un alma viviente, una persona completa de cuerpo, mente y espíritu.
Por eso los adventistas creen que la inmortalidad no es una posesión natural del ser humano, ya que solo Dios es inmortal (1 Timoteo 6:15–16).
La muerte es el cese de la vida, un estado de inconsciencia que la Escritura compara con un sueño. Los muertos «nada saben» (Eclesiastés 9:5–6, 10) y sus pensamientos perecen (Salmo 146:4). Jesús mismo llamó «sueño» a la muerte de Lázaro (Juan 11:11–14).
El pecado de Adán y Eva rompió la relación con Dios y trajo la muerte a toda la humanidad (Romanos 5:12). La imagen de Dios quedó dañada, pero no destruida.
La esperanza cristiana no está en un alma inmortal, sino en Cristo. Él es «la resurrección y la vida» (Juan 11:25), y por medio de él el creyente recibirá la inmortalidad en la segunda venida (1 Corintios 15:51–54; 1 Tesalonicenses 4:16–17).
Por qué importa: esta enseñanza protege del temor a los espíritus y del engaño espiritista. Revela a un Dios justo que no castiga eternamente a almas conscientes, y pone toda la esperanza en Cristo y en su regreso.
Conclusión
Las dos creencias responden a las grandes preguntas: ¿de dónde venimos? y ¿qué somos? Venimos de las manos de un Creador amoroso, y somos seres completos que dependen de él para cada respiro. Por eso la vida eterna no se lleva dentro: se recibe como un regalo en Jesucristo.
Escribí las citas sin el texto literal para que puedas copiarlas de tu versión preferida, como la NVI.
Para las versiones nítidas de todas las doctrinas, adjunta las imágenes descargadas de Canva en orden: Doctrina 1 (1–5), 2 (6–7), 3 (8–10), 5 (19–23) y 6 (24–28). Solo falta la Doctrina 4 para completar la serie.

