“Cuando el ángel del SEÑOR se le apareció a Gedeón, le dijo: —¡El SEÑOR está contigo, guerrero valiente!” (Jueces 6:12 NVI)
Los versículos que anteceden al texto de hoy, señalan a un pueblo hebreo asustado y escondiéndose entre las montañas. Tampoco podían criar sus animales, ni cosechar sus tierras, porque “siempre que los israelitas sembraban, los madianitas, amalecitas y otros pueblos del oriente venían y los atacaban. Acampaban y arruinaban las cosechas por todo el territorio, hasta la región de Gaza. No dejaban en Israel nada con vida: ni ovejas, ni bueyes ni asnos. Llegaban con su ganado y con sus carpas como plaga de langostas. Tanto ellos como sus camellos eran incontables, e invadían el país para devastarlo”.[1]
El miedo era general y el caos era total, que los hebreos se acordaron de las hazañas de Jehová y clamaron desconsolados. Dios no guardó silencio, sino que se manifestó a través de un profeta y les dijo: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo los saqué de Egipto, tierra de esclavitud, y los libré de su poder. También los libré del poder de todos sus opresores, a quienes expulsé de la presencia de ustedes para entregarles su tierra’. Les dije: ‘Yo soy el SEÑOR su Dios; no adoren a los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven’. Pero ustedes no me obedecieron’”.[2] Este pueblo recibía el justo pago de su indiferencia y desobediencia.
Es allí, en medio del caos, que él Señor llama a Gedeón, porque lo vio un guerrero valiente. La historia bíblica cuenta que Gedeón estaba trabajando presurosamente, a pesar del miedo y del peligro enemigo. No se quedó paralizado por el pánico. No buscaba responsables, ni maldecía su vida, Él esperaba en Jehová. Y esperaba en Jehová, porque cuando el ángel aparece debajo de la encina que estaba en Ofra, Gedeón entabla una conversación propia de un hijo hacia su padre o de un amigo hacia otro al cual tiene mucha confianza. Gedeón, era obediente a Dios, y solo esperaba la confirmación de su Padre para levantarse en medio del caos, la idolatría y desobediencia, para enfrentar con decisión a los enemigos externos y a los de su propia casa.
Mi amigo(a), hoy, al igual que en el tiempo de Gedeón, vivimos en un valle de sombra y miedo. No hay lugar donde podamos escondernos de los ejércitos de este mundo que destruyen familias, se apoderan de la juventud y arruinan todo lo que lleva el título de “correcto y bueno”. Dios está buscando a “guerreros valientes”, hijos obedientes, que no se amilanen en ponerse de pie y enfrentar el error. Porque en estos tiempos finales, la mayor necesidad de la iglesia y del mundo “es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.[3]
¿Aceptas el llamado?
Pr. Joe Saavedra
Desde la línea de batalla y un poquito antes del retorno de Cristo…
