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EL ESPÍRITU SANTO Y LA BIBLIA
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“Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:27 NVI)

Cuando la Biblia presenta al Espíritu Santo, lo hace como uno de los tres miembros de la Divinidad, como una persona con individualidad y personalidad propias, distinta del Padre y del Hijo. Las evidencias bíblicas acerca de su personalidad son claras y directas.

El Nuevo Diccionario de la Biblia desarrolla de manera contundente la individualidad y la personalidad del Espíritu Santo:

Las Escrituras, cuando hablan del Espíritu Santo (E. S.), lo presentan con características que no pueden ser siquiera imaginadas como pertenecientes a una cosa, a un objeto o a una fuerza. Los atributos de la persona son la capacidad de pensar, tener sentimientos y voluntad. En cuanto a la capacidad intelectual del E. S., escribiendo a los Corintios Pablo dice que «el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios» (1 Co. 2:10). También dice a los Efesios: «Y no contristéis al E. S. de Dios» (Ef. 4:30), por lo cual se entiende que tiene sentimientos. El atributo volitivo puede apreciarse en porciones tales como Hch. 16:6–11, donde el E. S. prohibió a Pablo «hablar la palabra en Asia».

Además, son abundantes las declaraciones bíblicas donde se describen las acciones del E. S. como persona, siempre con un lenguaje claro e inequívoco. El Señor Jesús dijo que el E. S. enseñaría «todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho» (Jn. 14:26). El E. «da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Ro. 8:16). Le vemos hacer milagros, como arrebatar a Felipe y trasladarlo a Azoto (Hch. 8:39–40). El E. ordena: «Ellos […] enviados por el E. S., descendieron a Seleucia» (Hch. 13:4). El E. S. realiza una labor de convencimiento en las almas: «Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Jn. 16:8). Se nos enseña que el E. S. intercede por los creyentes: «Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el E. mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles» (Ro. 8:26), etcétera. Estas no son cosas que realice una fuerza, sino una persona.

Además, se nos dice que es posible mentirle al E. S., como lo hicieron Ananías y Safira (Hch. 5:3). Hay personas que le ofrecen resistencia (Hch. 7:51). En distintos pasajes bíblicos se habla de relaciones con el E. S. como persona. En efecto, el Señor Jesús enseñó que «la blasfemia contra el Espíritu» es algo imperdonable y que «al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero» (Mt. 12:31–32). No se blasfema contra una cosa, sino contra una persona.[1]

Mi amigo(a), en medio de los ataques dirigidos contra Dios el Espíritu Santo, debemos aceptar lo que enseña la Biblia. Asimismo, necesitamos pedir diariamente la presencia del Consolador, porque, cuando él venga, «convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio».[2]

Que tengas un buen descanso.///////.

Desde mi rincón de poder y un poquito antes del retorno de Cristo…

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E. S.: Espíritu Santo.

[1]Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de la Biblia. (Miami: Editorial Unilit, 2003), 368.

[2] Juan 16:8 NVI

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