“Más radiantes que la nieve eran sus príncipes, y más blancos que la leche; más rosado que el coral era su cuerpo; su apariencia era la del zafiro. Pero
“Él es el motivo de tu alabanza; él es tu Dios, el que hizo en tu favor las grandes y maravillosas hazañas que tú mismo presenciaste” (Deuteronomio 10:21 NVI) Si hacemos
“Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el SEÑOR tu Dios te disciplina a ti” (Deuteronomio 8:5 NVI) Hace dos años atrás, uno de
“Sobre todas las cosas amo tus mandamientos, más que el oro, más que el oro refinado” (Salmos 119:127 NVI) Conocía el oro solo en imágenes, nunca había estado en contacto con
“Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad, que una casa llena de banquetes con discordia” (Proverbios 17:1 LBA) Hace algunos días atrás, estuve leyendo sobre algunas culturas del mundo,
“Pueden ser sesenta las reinas, ochenta las concubinas e innumerables las vírgenes, pero una sola es mi palomita preciosa, la hija consentida de su madre, la favorita de quien
“… cuando un hombre haga un voto al SEÑOR, o bajo juramento haga un compromiso, no deberá faltar a su palabra sino que cumplirá con todo lo prometido” (Números 30:2 NVI)
“¿Quién ha subido a los cielos y descendido de ellos? ¿Quién puede atrapar el viento en su puño o envolver el mar en su manto? ¿Quién ha establecido los
“¡Cuán hermosas son tus tiendas, Jacob! ¡Qué bello es tu campamento, Israel!” (Números 24:5 NVI) Cuando Balac, hijo de Zipor era rey de Moab, detalló todo su plan para maldecir al