«Lecciones bíblicas para jóvenes» (Lección 5)

CUIDA TU FRAGANCIA: Lo que entra en tu vida también deja aroma (Lección 5)
Texto base: 2 Corintios 2:15 (Todos los versículos de esta lección pertenecen a la Nueva Versión Internacional)
«Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden»
Introducción
Un perfume conserva su aroma porque está compuesto por ingredientes cuidadosamente seleccionados. Si se mezcla con sustancias inadecuadas, pierde parte de su esencia. Lo mismo ocurre con nuestra vida espiritual. Las personas que frecuentamos, los contenidos que consumimos, la música que escuchamos, las conversaciones que mantenemos y los pensamientos que alimentamos terminan moldeando nuestro carácter. Si queremos reflejar la fragancia de Cristo, debemos prestar atención a aquello que permitimos entrar en nuestra mente y corazón.
1. LO QUE LLENA TU MENTE MOLDEA TU VIDA
«Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración» (Filipenses 4:8)
Nuestros pensamientos son como semillas. Lo que sembramos en nuestra mente termina produciendo frutos en nuestras acciones. Si constantemente alimentamos nuestra mente con violencia, inmoralidad, negatividad o egoísmo, esas cosas terminarán afectando nuestro carácter. Por el contrario, cuando llenamos nuestra mente con aquello que honra a Dios, comenzamos a pensar, hablar y actuar de una manera diferente. Lo que ocupa nuestra atención termina moldeando nuestra vida.
2. LAS MALAS INFLUENCIAS PUEDEN CONTAMINAR EL AROMA
«No se dejen engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”» (1 Corintios 15:33)
La Biblia no enseña que debamos aislarnos del mundo, pero sí nos advierte sobre el poder de las influencias. Las amistades tienen la capacidad de acercarnos a Dios o alejarnos de Él. Muchas veces comenzamos a adoptar poco a poco los hábitos, valores y prioridades de las personas con quienes pasamos más tiempo. Por eso debemos escoger cuidadosamente nuestras compañías y rodearnos de personas que fortalezcan nuestra fe en lugar de debilitarla.
3. LA PALABRA DE DIOS PURIFICA EL CORAZÓN
«¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra» (Salmo 119:9)
Así como un perfume necesita conservar su pureza para mantener su aroma, el creyente necesita permanecer conectado con la Palabra de Dios. La Biblia corrige nuestros pensamientos, fortalece nuestras convicciones y nos ayuda a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Cuanto más tiempo pasamos en la Palabra, más sensibilidad espiritual desarrollamos para reconocer aquello que agrada o desagrada al Señor.
4. EL ESPÍRITU SANTO PRODUCE EL AROMA DE CRISTO
«En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gálatas 5:22-23)
La fragancia de Cristo no se produce únicamente mediante esfuerzo humano. Es el resultado de permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro corazón. Cuando vivimos conectados con Dios, Su Espíritu comienza a desarrollar en nosotros cualidades que reflejan el carácter de Jesús. El amor reemplaza el egoísmo, la paciencia reemplaza la irritación y la bondad reemplaza la indiferencia. El aroma de Cristo es, en realidad, el fruto de una vida guiada por el Espíritu.
Enseñanza principal
La fragancia de Cristo depende en gran medida de aquello que permitimos entrar en nuestra mente y corazón. Las influencias que elegimos diariamente fortalecen o debilitan nuestro testimonio. Cuando llenamos nuestra vida con la Palabra de Dios y permitimos que el Espíritu Santo nos transforme, comenzamos a reflejar de manera natural el carácter de Cristo.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué influencias ocupan actualmente la mayor parte de mi tiempo y atención?
- ¿Hay contenidos, amistades o hábitos que están debilitando mi vida espiritual?
- ¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en mi rutina diaria?
- ¿Qué fruto del Espíritu Santo necesito desarrollar más en mi vida?
Frase de la lección
«No puedes desprender el aroma de Cristo si tu corazón está lleno de otras fragancias.»
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