“Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12.32, NVI) Este título en un principal periódico del mundo me llevó a escribir
“Más bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios: en sufrimientos, privaciones y angustias; en azotes, cárceles y tumultos; en trabajos pesados, desvelos y
“Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados” (Efesios 5.1, NVI). Quedé sorprendido con la historia del filipino Herbert Chavez,[1] que se autodenomina el «mayor fan del mundo» de
“Porque Dios no es injusto como para olvidarse de las obras y del amor que, para su gloria, ustedes han mostrado sirviendo a los santos, como lo siguen haciendo.”