“Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.” (1 Juan 3.2, NVI)
Hablar de príncipes y princesas por estos tiempos, es remontarse a los cuentos medievales o historias llenas de fantasía, sin embargo, en varios países europeos esto todavía es realidad. Por ejemplo en España, Leonor de Borbón y Ortiz, está a punto de convertirse en princesa. Ella pertenece a la familia real española, y es nada menos que la hija mayor de don Felipe y doña Letizia, quienes en pocas semanas se convertirán en los reyes de España. Esta niña de ocho años, “en el momento en que su padre acceda al trono, se convertirá en la heredera y en princesa de Asturias, y cuando cumpla 18 jurará la Constitución como hizo don Felipe. Para todo ello ha comenzado a prepararse”,[1] es decir, ella algún día se convertirá en reina de España, a menos que sus padres tengan un hijo varón, cosa que parece poco probable.
Leonor de Borbón y Ortiz, en pocos días se convertirá en la princesa de Asturias, y heredera de la corona española. Sin embargo, ella no es la única princesa, porque tú y yo somos hijos del Rey de Reyes y Señor de Señores, por lo tanto somos
príncipes y princesas del reino de Dios, y hay más, porque “todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser”, porque somos herederos de una corona incorruptible puesto que reconocemos que nuestro Salvador “nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.[2]
Y si esa niña es parte de la familia real española, que privilegio es saber que nosotros somos parte de la familia real del cielo, que somos un “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”.[3] No somos de cualquier familia, y nuestro valor es incalculable, de tal forma que la Deidad tuvo que valerse de un plan de dimensiones cósmicas para rescatarnos. Por eso, aceptar a Cristo y ser considerados hijos de Dios es la mejor herencia que podemos haber recibido, por eso cómo el apóstol Pablo deberíamos alzar nuestras voces para repetir en adoración: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles”.[4]
Mi amigo (a), ¡anímate!, ¡levanta la cabeza!, ¡deja de lamentarte!… no eres una persona común, eres hijo de Dios, príncipe o princesa de un nuevo reino. Por lo tanto vive, come, duerme, habla, ama, muere, haz todo como hijo (a) del Rey, destinado (a) para más grandes y mejores cosas, porque de otra manera dice Jesús: “Yo vengo pronto. Retén lo que tienes para que nadie tome tu corona”.[5] ¡Amén!////.
Desde mi rincón de poder…y un poquito antes del retorno de Cristo…
Ubícame en la página web: www.poder1844.org, en el Facebook: http://www.facebook.com/poder1844, o en Twitter: https://twitter.com/joesaa
[1] http://politica.elpais.com/politica/2014/06/03/actualidad/1401820231_896353.html
[2] Apocalipsis 5.10 RV60
[3] 1 Pedro 2.9 NVI
[4] Romanos 1.16 NVI
[5] Apocalipsis 3.11 NVI



Muy bien comentario pastor, muy animador a proseguir a la meta. Saludos cordiales desde Chillan, Chile.