“Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe.” (Hebreos 12:1-2, NVI)

Es posible vivir rodeados de actividades, responsabilidades, doctrinas e incluso experiencias religiosas y, sin darnos cuenta, perder de vista a Jesús. Podemos asistir a la iglesia, participar en sus programas, conocer las profecías, defender la verdad y trabajar incansablemente para Dios, pero permitir que nuestra mirada se aparte lentamente de Él. No siempre nos alejamos de Cristo abandonando la fe; algunas veces nos alejamos simplemente porque otras cosas ocuparon el centro.
Vivimos en un mundo lleno de voces, prisas y distracciones. Todo compite por nuestra atención: el trabajo, las preocupaciones, las redes sociales, los problemas y los proyectos personales. Sin embargo, también la vida cristiana puede llenarse de actividades que, aunque sean buenas, terminen absorbiendo nuestra atención. Eso ocurrió con Marta. Mientras servía al mismo Jesús, llegó a estar tan preocupada por sus tareas que dejó de disfrutar de su presencia. Jesús le dijo: “Marta, Marta, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria” (Lucas 10:41-42, NVI). Su problema no era que estuviera haciendo algo malo, sino que algo bueno estaba ocupando el lugar de lo esencial.
La iglesia de Éfeso también tenía doctrina, perseverancia y capacidad para distinguir el error; sin embargo, Jesús le dijo: “Has abandonado tu primer amor” (Apocalipsis 2:4, NVI). Aquella iglesia continuaba trabajando, pero había perdido el centro. Esto nos recuerda que podemos conservar la estructura de la fe y, al mismo tiempo, perder su corazón. Podemos hablar de Jesús sin caminar con Jesús, defender su verdad sin reflejar su carácter y trabajar para Él sin detenernos a estar con Él.
Pedro experimentó algo parecido cuando caminó sobre el mar. Mientras mantuvo sus ojos en Jesús, avanzó sobre aquello que naturalmente debía hundirlo; pero cuando dirigió su atención al viento y a las olas, comenzó a hundirse (Mateo 14:28-31). La tormenta ya estaba allí cuando dio el primer paso; lo que cambió no fueron las circunstancias, sino la dirección de su mirada. Muchas veces nuestro problema no es la fuerza del viento, sino haber permitido que el viento ocupe en nuestros ojos el lugar que le corresponde a Cristo. La fe no consiste en negar la tormenta, sino en continuar mirando a Jesús en medio de ella.
Enfocats en Jesús
Por eso, la pregunta resulta inevitable: ¿y si nos hubiéramos distraído? ¿Y si hemos estado mirando más nuestros problemas, nuestros logros, nuestras diferencias o nuestras actividades que al propio Jesús? La respuesta no consiste en abandonar nuestras responsabilidades, sino en devolverle a Cristo el lugar que nunca debió perder. Cuando los ojos vuelven a Jesús, todo lo demás recupera su verdadero orden: la doctrina conduce a Él, el servicio nace del amor hacia Él y la misión se convierte en una invitación para que otros también lo conozcan.
Enfocats en Jesús no es solamente una frase; es una decisión diaria. Es apartar la mirada de todo aquello que pretende ocupar su lugar y volver a contemplar al Autor y Consumador de nuestra fe. Porque cuando Jesús permanece en el centro, la iglesia recupera su propósito, el discípulo encuentra dirección y la carrera cristiana deja de ser una sucesión agotadora de actividades para convertirse en un camino recorrido junto a Él.///////.
Autor: Óscar López. Presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.
Edición: Ministerio Poder1844
