«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:2).

Enfocarnos en Jesús es algo que necesitamos hacer especialmente cuando las circunstancias de la vida se complican. Sin embargo, no deberíamos esperar a que lleguen las dificultades para comenzar a mirarlo. Necesitamos desarrollar diariamente el hábito de detenernos, apartar nuestra mirada de tantas cosas que reclaman nuestra atención y volver nuestros ojos a Cristo.
Con el paso de los años, muchos necesitamos gafas para ver con claridad. Unas nos ayudan a leer de cerca; otras, a distinguir mejor lo que está lejos. De manera semejante, nuestra mirada espiritual también necesita unas «gafas» que nos permitan contemplar correctamente a Jesús: la Palabra de Dios.
No podemos construir nuestra imagen de Cristo únicamente a partir de nuestras emociones, percepciones o experiencias. Somos seres humanos limitados y nuestra manera de interpretar la realidad puede equivocarse. Por eso necesitamos mirar a Jesús a través de las «gafas» de la inspiración bíblica, acercándonos especialmente a los Evangelios para descubrir quién es Él, cómo vivió, cómo trató a las personas, qué enseñó y qué espera de sus discípulos.
Durante mucho tiempo se ha utilizado una pregunta muy conocida para orientar la vida cristiana: «¿Qué haría Jesús en mi lugar?». Es una pregunta legítima y hermosa que puede ayudarnos a tomar decisiones. Pero quizá necesitemos hacernos antes otra pregunta todavía más fundamental: ¿Qué ha hecho ya Jesús por mí?
Antes de imaginar qué haría Jesús, necesitamos descubrir qué hizo realmente. Y para ello tenemos los Evangelios. Allí no encontramos a un Jesús imaginado según nuestras preferencias, sino a Jesús viviendo, hablando, perdonando, sirviendo, confrontando, acogiendo, sanando, sufriendo, entregándose y amando.
En Cristo contemplamos la gracia y la salvación que Dios nos ofrece, pero también encontramos una manera concreta de vivir. Jesús no solamente vino para darnos fuerzas en nuestras circunstancias presentes; vino para abrirnos el camino hacia el Padre y dejó sus propias huellas para que caminemos tras Él.
Por eso son tan profundas las palabras del apóstol Juan: «El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo» (1 Juan 2:6).
Ahí encontramos una de las claves de lo que significa estar enfocados en Jesús. No se trata únicamente de preguntarnos hipotéticamente qué haría Cristo ante determinada situación, sino de conocer cada vez mejor qué hizo Jesús, cómo vivió Jesús y cómo respondió Jesús. Cuanto más conocemos su vida, más elementos tenemos para orientar la nuestra.
Por eso necesitamos regresar una y otra vez a los Evangelios. Allí descubrimos cómo trató Jesús al pecador, cómo respondió ante la injusticia, cómo se relacionó con quienes pensaban diferente, cómo reaccionó frente al sufrimiento, cómo utilizó el poder, cómo afrontó la oposición, cómo oró, cómo perdonó y cómo amó.
Su manera de vivir se convierte así en referencia para nuestra manera de vivir.
Vivimos tiempos complejos. En los últimos años hemos visto cómo, también dentro de la iglesia, han aparecido interpretaciones, teorías y planteamientos diversos en torno a acontecimientos como la pandemia, las profecías o las señales de los últimos tiempos. En medio de tantas voces, existe el peligro de perder de vista lo verdaderamente esencial.
Por eso necesitamos volver a Jesús.
Estar enfocados en Jesús no significa ignorar lo que sucede a nuestro alrededor; significa aprender a interpretar lo que sucede desde Cristo y desde su Palabra. Cuando nuestra mirada permanece en Él, podemos avanzar con serenidad, esperanza y confianza hacia la Canaán celestial.
Pero esta mirada necesita entrenamiento. No se improvisa cuando llega la crisis. Necesitamos aprender cada día a mirar a Jesús, conocerlo más profundamente y permitir que su vida transforme la nuestra.
Porque nuestro objetivo no debería ser simplemente llegar a ser «buenos cristianos». El llamado de Jesús es mucho más profundo: ser sus discípulos, caminar tras sus huellas y parecernos cada día más a Él.
En medio de tantas voces, preocupaciones, interpretaciones y distracciones, necesitamos recuperar lo esencial: Mirar a Jesús. Conocer lo que Jesús ha hecho por nosotros. Descubrir cómo vivió. Caminar como Él caminó. Y, al contemplarlo, parecernos cada día más a Él. Todo esto, significa estar verdaderamente enfocados en Jesús.///////.
Autor: Richard Ruszuly. Director de la Asociación Ministerial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España
Edición: Ministerio Poder1844
