La misión y el corazón del instructor bíblico
Texto clave:
“Vengan, síganme —les dijo Jesús—, y los haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19, NVI)
Idea central:
Antes de aprender métodos, materiales o recursos digitales, el instructor bíblico necesita responder al llamado de Jesús. Dar estudios bíblicos no es simplemente transmitir información religiosa: es acompañar a una persona para que conozca, ame y siga a Cristo.
Objetivo de la lección:
Al finalizar esta lección, el participante comprenderá que ser instructor bíblico es una vocación misionera que exige comunión con Dios, preparación en la Palabra, sensibilidad hacia las personas y dependencia constante del Espíritu Santo.

1. Jesús llama a personas para convertirlas en pescadores
Cuando Jesús caminó junto al mar de Galilea, no llamó a los discípulos a una tarea aislada ni les entregó solamente una técnica. Les hizo una invitación personal: “Vengan, síganme”. Antes de decirles que pescarían personas, les pidió que caminaran con Él.
Este orden es fundamental. Nadie puede conducir a otro hacia Cristo si primero no está aprendiendo a seguirlo. El instructor bíblico no es alguien que presume tener todas las respuestas, sino un discípulo que ha decidido permanecer cerca de Jesús y ayudar a otros a hacer lo mismo.
Pedro, Andrés, Jacobo y Juan sabían pescar peces. Conocían el cansancio de una noche sin resultados, el valor de la paciencia, el trabajo en equipo y la perseverancia. Jesús tomó aquello que ellos conocían y lo transformó en una misión mucho mayor: buscar personas que necesitan esperanza, verdad, perdón y una nueva vida.
Pescar personas no significa manipularlas, presionarlas ni “ganar una discusión”. Significa acercarse a ellas con el mismo amor con que Cristo se acercó a nosotros. Cada persona tiene una historia, heridas, preguntas, temores y necesidades. Por eso, el instructor bíblico no ve números: ve personas por las cuales Jesús dio su vida.
“Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
Lucas 19:10, NVI
La misión de buscar no pertenece solo al pastor, al evangelista o a un departamento de iglesia. Jesús la entregó a todos sus discípulos. Cada creyente puede ser una voz de esperanza, un puente hacia la Biblia y un instrumento para conducir a alguien a los pies de Cristo.
2. Evangelizar es un estilo de vida
A veces pensamos que evangelizar consiste únicamente en asistir a una campaña, repartir literatura, invitar a una conferencia o dar una lección bíblica. Todo eso es valioso, pero la misión comienza mucho antes: comienza en la manera en que vivimos.
El instructor bíblico evangeliza cuando escucha con atención, cuando visita a una persona sola, cuando ofrece una palabra de ánimo, cuando ora por alguien en un momento de crisis, cuando comparte su testimonio y cuando crea oportunidades naturales para hablar de Jesús.
La evangelización más poderosa no siempre sucede frente a un público; muchas veces ocurre en una conversación sencilla, una llamada, un mensaje de WhatsApp o una amistad cultivada con sinceridad. Las personas suelen abrir su Biblia cuando primero han sentido que alguien abrió su corazón.
Pablo expresó esta actitud al escribir:
“Nos encariñamos tanto con ustedes que nos complacía compartir con ustedes no solo el evangelio de Dios sino también nuestra vida”.
1 Tesalonicenses 2:8, NVI
Ese es el espíritu del instructor bíblico. No entrega una lección y desaparece. Comparte la verdad, pero también comparte tiempo, interés, oración y acompañamiento. La persona estudiará mejor la Biblia cuando perciba que no es un proyecto, sino alguien valioso para Dios y para la iglesia.
Elena de White resume este principio al señalar que el método de Cristo consistía en acercarse a las personas, mostrarles simpatía, atender sus necesidades, ganar su confianza e invitarlas a seguirle.¹ Este principio debe orientar cada estudio bíblico: primero amor, luego confianza; siempre la Biblia como centro; y finalmente una invitación clara a caminar con Jesús.
3. El carácter y el testimonio del instructor
El mensaje más convincente del instructor no es solamente lo que explica, sino lo que vive. Una persona puede olvidar muchos detalles de una lección, pero difícilmente olvidará la paciencia, la humildad, el respeto y la coherencia de quien le enseñó.
Por eso, quien da estudios bíblicos debe cuidar su carácter. No se trata de aparentar perfección, sino de vivir una fe auténtica. El instructor también tiene luchas, preguntas y áreas por crecer; pero debe mostrar que Cristo está obrando en su vida.
“Ustedes mismos son nuestros testigos, y Dios también, de que nos comportamos con ustedes los creyentes en una forma santa, justa e irreprochable”.
1 Tesalonicenses 2:10, NVI
La puntualidad, el respeto, la manera de hablar, el trato hacia la familia, la discreción y el cumplimiento de la palabra dada son parte del estudio bíblico. Cuando el instructor invita a confiar en Dios, su propia vida debe revelar que él también aprende a confiar en Dios.
El testimonio no significa contar toda nuestra vida en cada visita. Significa que nuestras palabras y acciones no se contradicen. En ocasiones, una breve experiencia personal puede abrir más el corazón que una explicación larga. Decir: “Yo también pasé por algo parecido, y este texto me sostuvo”, puede ayudar a la persona a descubrir que la Biblia no es teoría, sino vida.
4. La vida devocional: antes de hablar a las personas, hablar con Dios
Un instructor bíblico puede tener un buen material, conocer muchas doctrinas y dominar recursos digitales, pero si descuida su comunión con Dios, tarde o temprano servirá con cansancio, rutina o confianza en sí mismo.
Jesús mismo buscaba momentos de oración. Antes de tomar decisiones importantes, antes de enfrentar grandes desafíos y aun en medio de una agenda intensa, se apartaba para estar con su Padre.
“Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar”.
Lucas 5:16, NVI
La vida devocional del instructor debe incluir lectura personal de la Biblia, oración, intercesión por nombres concretos y disposición para obedecer aquello que Dios le muestra. No estudiamos la Biblia solo para enseñarla: la estudiamos para que nos transforme.
Antes de cada estudio, el instructor puede hacer una oración sencilla:
“Señor, prepara mi corazón, prepara el corazón de esta persona y permite que tu Palabra sea comprendida. Que no se vea mi opinión, sino a Jesús”.
Elena de White enseña que la obra espiritual no puede realizarse con poder humano; depende del Espíritu Santo.² Esto produce humildad. El instructor prepara, visita, estudia, explica e invita; pero solo el Espíritu Santo convence, transforma y produce una decisión genuina.
5. Orar y depender del Espíritu Santo
La misión no avanza solamente con planificación; avanza con oración. El libro de Hechos muestra que la iglesia primitiva era una iglesia que oraba. Antes de predicar, elegir líderes, enfrentar oposición o iniciar una nueva obra, los discípulos buscaban la dirección de Dios.
“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán mis testigos”.
Hechos 1:8, NVI
Este versículo enseña que el testimonio cristiano no depende principalmente de personalidad, experiencia, estudios académicos o facilidad para hablar. Su fuente es el poder del Espíritu Santo.
Por eso, cada instructor debe tener una lista de oración con los nombres de sus interesados. Debe orar por sus necesidades, por su familia, por sus dudas, por sus luchas y por el momento oportuno para presentar cada verdad bíblica. También conviene orar con la persona, desde el primer encuentro, usando palabras sencillas y cercanas.
Cuando oramos, aprendemos a no forzar procesos. Hay personas que avanzarán rápidamente; otras necesitarán más tiempo. Algunas aceptarán una invitación enseguida; otras deberán vencer temores familiares, hábitos arraigados o experiencias negativas con la religión. El Espíritu Santo sabe cómo conducir cada historia.
6. La preparación bíblica del instructor
El instructor bíblico no necesita saberlo todo para comenzar, pero sí debe comprometerse a crecer continuamente en el conocimiento de la Palabra. La seguridad no viene de memorizar cada respuesta, sino de conocer a Jesús, saber buscar en la Biblia y enseñar con fidelidad.
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad”.
2 Timoteo 2:15, NVI
Prepararse significa, entre otras cosas:
- Estudiar previamente la lección que se va a presentar.
- Leer y comprender los textos bíblicos en su contexto.
- Definir una idea central clara para cada encuentro.
- Preparar preguntas que ayuden a la persona a descubrir la respuesta en la Biblia.
- Revisar las dudas que probablemente puedan surgir.
- Tener una actitud humilde para reconocer: “No tengo la respuesta ahora, pero la investigaré y la veremos en nuestro próximo estudio”.
No es necesario convertir cada lección en una clase complicada. El objetivo es que la persona abra la Biblia, entienda el mensaje, lo relacione con su vida y responda a Dios. Una explicación sencilla, clara y bíblicamente fiel vale más que un discurso muy extenso.
El apóstol Pedro aconsejó:
“Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto”.
1 Pedro 3:15, NVI
La preparación bíblica debe ir unida a la gentileza. La verdad nunca necesita ser presentada con dureza. El instructor enseña con convicción, pero también con paciencia, respeto y espíritu de servicio.
7. Cómo vencer el temor de dar estudios bíblicos
Muchos creyentes no dan estudios bíblicos porque piensan: “No sé suficiente”, “me harán una pregunta difícil”, “no sé hablar”, “me da vergüenza” o “seguro no aceptaré una respuesta”. Sin embargo, Dios nunca llamó solamente a los capacitados; Él capacita a los que llama.
Moisés sintió temor por su capacidad para hablar. Jeremías se consideraba demasiado joven. Gedeón se veía débil. Pedro había fracasado muchas veces. Aun así, Dios trabajó con cada uno de ellos.
“No digas: ‘Soy muy joven’. Porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te mande”.
Jeremías 1:7, NVI
El temor no se vence esperando sentirse totalmente preparado. Se vence dando pequeños pasos de fe. Puedes comenzar acompañando a un instructor con más experiencia, orando con una persona, compartiendo un texto bíblico o dirigiendo una parte breve de una lección. Con la práctica, la oración y el estudio, crecerán la confianza y la claridad.
Recuerda estas verdades:
- No tienes que impresionar a nadie; debes presentar a Jesús.
- No necesitas responder todo de inmediato; puedes investigar con humildad.
- No estás solo; el Espíritu Santo te acompaña.
- La persona no busca un experto perfecto, sino alguien sincero que la guíe a la Biblia.
- Cada estudio es también una oportunidad para que tú crezcas.
El autor y pastor Rick Warren resume una idea útil para la misión: Dios utiliza personas ordinarias que se ponen a disposición de Él. La efectividad cristiana no comienza con la autosuficiencia, sino con la disponibilidad.³
Para recordar
El instructor bíblico no es un vendedor de religión ni un simple expositor de temas. Es un discípulo de Jesús que aprende a amar a las personas, abrir la Biblia con ellas, orar por sus necesidades y acompañarlas hacia una relación personal con Cristo.
Antes de ir al mar, el pescador prepara sus redes. Antes de dar estudios, el instructor prepara su corazón. Su mayor recurso no es un manual, una pantalla o una presentación: es una vida conectada con Jesús y guiada por el Espíritu Santo.
Un instructor bíblico efectivo no solo enseña lecciones; ayuda a formar discípulos que, a su vez, llegarán a ser pescadores.
Actividad personal: “Mi llamado a pescar”
- Lee Mateo 4:18-22 y escribe: ¿qué me llama más la atención de la invitación de Jesús a Pedro y Andrés?
- Haz una lista de tres personas por quienes comenzarás a orar esta semana.
- Identifica cuál es tu principal temor para dar estudios bíblicos y preséntalo a Dios en oración.
- Memoriza Mateo 4:19.
- Comparte con otro integrante de Los Pescadores una breve oración por las personas que ambos desean alcanzar.
Oración del pescador
“Señor Jesús, gracias porque me llamas a seguirte y a ser pescador de personas. Forma en mí un corazón humilde, sensible y lleno de amor. Ayúdame a conocer mejor tu Palabra, a depender del Espíritu Santo y a vencer mis temores. Coloca en mi camino personas que necesiten esperanza y úsame para guiarlas hacia ti. Amén”.

Referencias sugeridas
- Elena G. de White, El ministerio de curación (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana), 102. Véase el capítulo “La obra de los discípulos”, sobre el método de Cristo para alcanzar a las personas.
- Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles (Doral, FL: Asociación Publicadora Interamericana), cap. 5, “El don del Espíritu”.
- Rick Warren, Una vida con propósito (Miami, FL: Vida, 2003), sección sobre el servicio y la disponibilidad para los propósitos de Dios.
