“El que es justo obtiene la vida; el que persigue el mal se encamina a la muerte” (Proverbios 11:19).[1] La raza humana, al haber permitido el ingreso del pecado
“Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado” (Salmos 51:2 NVI) El término “pecado” es muy común en los ámbitos bíblicos. Incluso, creo yo, es la primera palabra que
“Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado” (Romanos 7:14 NVI) Qué dicha es vivir en libertad. Nada se
“Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?”
“Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria ahora y para siempre! (2Pedro 3:18 NVI) Todos
“Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos” (Salmos 91:11 NVI) Cuando pienso en todos los peligros que las familias cristianas deben afrontar, quedo en silencio y
“Yo sé que mi redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte” (Job 19:25 NVI) El hombre tiene muchas formas de reaccionar cuando algo le sale mal, o cuando
“Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno…” (Romanos 3:10 NVI) Si esta mañana, a todos los que están leyendo esta reflexión, les haría un llamado: “quién sea
“No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno” (Juan 17:15 NVI) Es inevitable que un hijo de Dios, comprometido con su causa y dispuesto
“Cuando los de Judá se enteren de todas las calamidades que pienso enviar contra ellos, tal vez abandonen su mal camino y pueda yo perdonarles su iniquidad y su