“Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas frondosas; que sean nuestras hijas como columnas esculpidas para adornar un palacio” (Salmos 144:12 NVI)
Tengo tres hijos y al verlos crecer quedo asombrado. Parece que fue ayer que los tenía en mis brazos, pequeñitos e indefensos. Ahora el mayor ya no me pide carritos, ni muñecos cabezones, ahora desea sus jeans y para comenzar un pequeño celular. Es inevitable, están creciendo. No obstante, les voy a decir un secreto: no solo quiero que crezcan, sino que lo hagan bien, en bendición y mirando cara a cara el éxito de la vida. Ahora, me dirás: “pastor, pero eso no es un secreto, todos los padres quieren lo mejor para sus hijos”. Así es, aunque parece que fuera un secreto, porque muchos padres piensan que desearlo es todo, y nadie les dijo que hay que sudarla y hacer más de la cuenta.
Además, existen muchos hijos que no han escuchado eso y no valoran el esfuerzo de sus padres. Otros, hasta se avergüenzan y cuando tienen oportunidad los lastiman. He visto llorar a muchos padres, impotentes porque sus hijos van directo a la ruina y nadie puede hacer nada. Lloran desesperados porque no conciben la idea de ver a ese muchacho, que antes lo tenían en sus brazos, malogrando su vida y desoyendo cualquier consejo.
Mi amigo (a), no existe seres vivos en esta tierra, aparte de tus padres, que quieran verte bien y exitoso. Un padre da todo lo que tiene a sus hijos. No se guarda nada. Hace todo lo posible para que sus hijos sean “como plantas frondosas” y sus hijas “como columnas esculpidas” que hacen hermoso un palacio. Porque eso queremos: hijos para bosques hermosos y palacios de reyes.
Muchas veces tengo que tomar decisiones por mis hijos, todavía son indefensos. Se acerca el día, lo sé, donde deberán tomarlos solos. Y lo único que deseo, es estar cerca para conocer los bosques fértiles y los palacios en los cuales vivirán. Quizás no entiendas todo esto. Sé que un día, cuando seas papá o mamá, entenderás cada consejo, cada restricción, cada lágrima. Mientras tanto, escucha la sabiduría de tus padres y anda seguro. ¡Bendiciones hijo!
Con aprecio
Pr. Joe Saavedra
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