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¿CONFIAS EN TU CORAZÓN?
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“Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?” (Jeremías 17:9 NVI)

El “corazón”, en un sentido figurado,[1] es un lugar especial donde se encuentran los atributos de la personalidad (especialmente el pensamiento, la voluntad y el sentimiento). Es un  término que se usa como ilustración en las Escrituras para designar el centro mismo de la personalidad del hombre, es decir es el núcleo de la vida, el comando de control de todas las acciones humanas.

Dios nos pide el corazón, que le dejemos el control de nuestra vida, es decir, que le confiemos nuestros pensamientos, nuestra voluntad y nuestros engañosos sentimientos. Como un capitán se ofrece a tomar el timón de nuestro barco. Entregarle el corazón a Dios, es dejarle que tome el control de nuestra existencia en todos los sentidos, especialmente en nuestras decisiones, en nuestros pensamientos y en nuestros sentimientos volubles. Por su lado, Satanás, también hace denodados esfuerzos por tomar las riendas de nuestra vida y llevarnos por sus caminos.

Sin embargo, algunos piensan que pueden prescindir del dominio de uno de los antagonistas. Seguramente has escuchado esta frase: “Ni con Dios, ni con el Diablo”; un joven remató la idea con esta afirmación: “mejor me defiendo solo”. Que ingenuo y temerario es el hombre al pensar así. Su atrevimiento es muchas veces producto del desconocimiento de la naturaleza humana. El profeta Jeremías, es acertado al afirmar que nuestro corazón no tiene remedio, es tan engañoso, que no existe algún individuo sobre la tierra que pueda dominarlo y entenderlo. Un corazón sin control, es como una bala perdida, mejor dicho, como un misil perdido, ¡va a causar mucho daño!

El apóstol Pablo, tiene otra manera de explicar el asunto del corazón engañoso. Él lo explica así: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco…pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo… ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí”.[2] Pablo, lo mismo que Jeremías, están diciendo que el corazón no es digno de confianza, es traicionero y goza en la impiedad.

Las Sagradas Escrituras, mencionan algunas características del corazón que lo tornan peligroso. El corazón es: malo, perverso, engañoso, insensible, inicuo, endurecido, terco, necio, entenebrecido, loco, incrédulo.[3] Con razón Jeremías pregunta: “¿quién puede comprenderlo?”. Con semejante corazón, me atrevería a preguntar: “¿quién podría dominarlo?”. White, formula: “¡Oh, cuán engañoso es el corazón humano! ¡Con cuánta facilidad armoniza con aquello que es malo! No hay nada más perjudicial para los intereses del alma, para su pureza, para su verdadera y santa concepción de Dios y de las cosas eternas y sagradas, que escuchar y exaltar constantemente aquello que no es de Dios”.[4]

¿Le entregarías tu confianza a alguien malo, perverso, engañoso, insensible, inicuo, endurecido, terco, necio, entenebrecido, loco, incrédulo?, ¿dejarías las riendas de tu vida a alguien sumamente peligroso?… ¡Así es tu corazón!… ¿quién la controla?, o ¿vive sin ningún control?

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[2] Romanos 7:15-20 NVI

[3] Maldad: Ge 6:5; 8:21; Sal 28:3; Ec 9:3; Je 3:17; 7:24; 11:8; 17:1; Heb 3:12 ♦ perverso: Sal 101:4; Pr 6:14; 11:20 ♦ inicuo: Pr 6:18 ♦ engañoso: Je 17:9 ♦ arrogante: Sal 101:5; Pr 16:5; 18:12; 21:4; Eze 28:2, 5, 17; Da 5:20 ♦ insensible (lit., grasa): Sal 17:10; 119:70; Is 6:10; Stg 5:5 ♦ endurecido, terco: Ex 4:21; 7:3; Je 11:8; 16:12; 18:12; Eze 11:19; 36:26; Zec 7:12; Mr 3:5; 6:52 ♦ necio: Pr 22:15; Ro 1:21 ♦ impíos: Job 36:13 ♦ entenebrecido: Ro 1:21 ♦ loco: Ec 9:3 ♦ incrédulo: Hos 10:2; Mr 16:14; Heb 3:12

[4] Mensajes Selectos, T2, cap: 8.

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