“Pero Sión dijo: «El SEÑOR me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mí». «¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!” (Isaías 49:14–15 NVI).
Puede llegar un momento en que el cristiano esté tan abrumado por las dificultades, tan aturdido por las dudas, que levante las vista al cielo y diga: «Señor, ¿estás allí?, ¿estás dirigiendo mi existencia?». Esas preguntas son posibles, porque cada vez que nos acercamos al Día de liberación, también las pruebas serán mayores y la presión más fuerte. Con razón el apóstol Mateo exhortaba en relación a las horas finales de este mundo: “…el que se mantenga firme hasta el fin será salvo”.[1]
De la misma forma, la iglesia de Dios, será sacudida por todo tipo de “huracanes”, ¿acaso no es la iglesia el blanco principal de Satanás?, la Biblia afirma que “… el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto de sus descendientes, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testimonio de Jesús”,[2]y añade a continuación que “… el dragón se plantó a la orilla del mar”,[3] porque no se moverá en su intento por destruir a la iglesia de Dios. Por esto, no nos sorprendamos al ver una iglesia con la mirada al cielo preguntándose: ¿estás aquí Señor?
Es allí, en medio de la tempestad, de la incertidumbre que dice: “El SEÑOR me ha abandonado; el Señor se ha olvidado de mí”, donde debemos escuchar claramente la respuesta de Dios: “¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!”. Mi apreciado hermano de la iglesia de Dios: ¡el Señor no olvida a su pueblo!; amada iglesia de Dios: ¡tú socorro viene de Jehová!. Recuerda que “…el Señor ama a su iglesia, la cual no ha ser desorganizada ni dispersada en átomos independientes. No existe la menor lógica en esto ni hay la más mínima evidencia de que ocurrirá tal cosa”.[4] Y aunque “Satanás llevará a cabo sus milagros para engañar y establecerá su poder, por encima de todo lo demás. Puede parecer que la iglesia está por caer, pero no caerá. Ella permanece en pie, mientras los pecadores que hay en Sion son tamizados, mientras la paja es separada del trigo precioso. Es una prueba terrible, y sin embargo tiene que ocurrir. Nadie fuera de los que han estado venciendo mediante la sangre del Cordero y de la Palabra de su testimonio serán contados con los leales y los fieles, con los que no tienen mancha ni arruga de pecado, con los que no tienen engaño en sus bocas”.[5]
Es los momentos de prueba, en que no debemos perder la confianza en nuestro Dios. Si desconfiamos de la dirección divina, estamos listos para renegar de nuestra fe o llenarnos de incredulidad. Hay gozo y paz cuando esperamos en Jehová y nos tomamos de sus promesas. Tenía razón Elena de White cuando exclamó: “Me siento animada y gozosa al comprender que el Dios de Israel todavía está guiando a su pueblo y que permanecerá a su lado incluso hasta el fin”.[6]
Mi hermano (a), llenémonos de confianza en el Señor, esperemos con paciencia su intervención soberana, supliquemos como nunca su pronta liberación y aguardemos con optimismo el devenir de los acontecimientos finales. ¡Cristo viene por ti y por mí!, viene por su amada iglesia, quizás golpeada y sacudida, pero unida y vencedora. Tengamos presente que “la iglesia, que está por entrar en su más severo conflicto, será el objeto más querido para Dios en la tierra”.[7]
Los que creemos que somos parte de la iglesia de Dios, debemos unirnos en ayuno y oración, para ver una vez más, la intervención poderosa de Dios en medio de los conflictos, porque Él no se olvida de su pueblo. Además, aunque las lágrimas nos quiten la visibilidad, que nuestros oídos estén bien abiertos para escuchar la voz de nuestro Padre que dice con autoridad: “El que da testimonio de estas cosas, dice: ‘Sí, vengo pronto’”,[8] y nuestra garganta declare: “Amén. ¡Ven, Señor Jesús!”.[9]
Pr. Joe Saavedra
Desde la línea de batalla y un poquito antes del retorno de Cristo…
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