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CRISTO, LAS PRIMICIAS DE LOS QUE MURIERON (Parte 2)
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Continúa de la PARTE 1:

5. “Primicias de los que durmieron”

El texto griego dice:

aparchḗ tōn kekoimēménōn
“primicias de los que han dormido”.

El término kekoimēménōn procede del verbo κοιμάω —koimáō, que significa “dormir” y, en determinados contextos, “dormir en la muerte”. Se encuentra en participio perfecto, señalando a quienes han entrado en el estado de la muerte y permanecen en él.

Pablo no describe a los creyentes fallecidos como almas conscientes viviendo independientemente del cuerpo. Los presenta como personas que “duermen”, a la espera del momento en que Cristo las llame nuevamente a la vida.

La metáfora del sueño comunica al menos tres verdades:

  1. La muerte implica ausencia de actividad consciente.
    El creyente descansa y no experimenta el paso del tiempo.
  2. La muerte no es definitiva.
    Así como quien duerme puede despertar, quienes murieron en Cristo serán despertados.
  3. El despertar depende de una intervención externa.
    El muerto no se despierta a sí mismo; Cristo lo llama a la vida mediante su poder.

Este lenguaje armoniza con las palabras de Jesús acerca de Lázaro: “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo” (Juan 11:11). Cuando los discípulos interpretaron literalmente sus palabras, Jesús aclaró: “Lázaro ha muerto” (vers. 14).

6. Adán y Cristo: dos humanidades y dos destinos

Pablo explica la metáfora de las primicias mediante el contraste entre Adán y Cristo:

“De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir” (1 Corintios 15:21-22, NVI).

Adán representa a la humanidad sometida al pecado y a la muerte. Cristo representa a la nueva humanidad sobre la cual la muerte ya no tendrá dominio.

En AdánEn Cristo
Entró el pecadoLlegó la justicia
Entró la muerteLlegó la resurrección
La humanidad vuelve al polvoLa humanidad será levantada del polvo
Todos están sujetos a la mortalidadLos que pertenecen a Cristo recibirán inmortalidad

Cristo no vino únicamente a liberar una parte inmaterial del ser humano. Se hizo verdaderamente hombre, murió realmente y resucitó corporalmente. Por eso, su victoria alcanza a la persona completa.

La esperanza cristiana no consiste en escapar eternamente del cuerpo, como proponían ciertas formas de dualismo griego, sino en la restauración de la vida humana mediante la resurrección.

7. Las primicias establecen un orden

Pablo mismo explica el significado de su metáfora tres versículos después:

“Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen” (1 Corintios 15:23, NVI).

El sustantivo griego traducido como “orden” es τάγμα —tágma, término que puede describir un orden, grupo, rango o formación organizada. La resurrección no ocurre de manera caótica ni en un único momento para todos. Existe un orden establecido por Dios:

  1. Cristo, las primicias.
  2. Después, quienes pertenecen a Cristo.
  3. El momento: cuando Cristo venga.

Este versículo es decisivo. Pablo no afirma que los creyentes reciben la plenitud de la vida inmortal inmediatamente al morir. Declara que serán vivificados “cuando él venga”. La cosecha que comenzó con la resurrección de Cristo será recogida en la segunda venida.

Por tanto, las primicias y la cosecha están separadas temporalmente, pero unidas en naturaleza y resultado. Cristo ya resucitó; los creyentes resucitarán después, pero su futura resurrección está asegurada por lo que ya sucedió con Él.

8. Cristo no es solo el primero: es la garantía

Este es el corazón de la metáfora. Las primicias no eran una excepción aislada dentro de un campo estéril. Eran la evidencia de que todo el campo estaba produciendo y de que la cosecha llegaría.

De la misma manera, la resurrección de Jesús no es un prodigio desconectado del destino de sus seguidores. Lo que Dios hizo con Cristo anuncia lo que hará con quienes están unidos a Él.

Esto significa que:

  • Si Cristo resucitó, la muerte fue vencida.
  • Si la Cabeza vive, su cuerpo también vivirá.
  • Si las primicias fueron aceptadas, la cosecha será recogida.
  • Si Cristo salió del sepulcro, los sepulcros de quienes le pertenecen también serán abiertos.
  • Si Él recibió una vida imperecedera, sus redimidos recibirán inmortalidad cuando vuelva.

La resurrección futura no depende de la capacidad natural de una supuesta alma inmortal para sobrevivir. Depende del poder de Dios demostrado históricamente en la resurrección de Jesucristo.

9. ¿Qué significa, entonces, que Jesús sea las primicias?

Significa que Cristo es el primer miembro y representante de la gran cosecha de seres humanos que serán levantados a una vida inmortal y gloriosa. Su resurrección es el comienzo histórico de esa cosecha, el modelo de la transformación futura y la garantía irrevocable de que los muertos en Cristo resucitarán.

La palabra “primicias” contiene cuatro ideas inseparables:

  • Prioridad: Cristo ocupa el primer lugar.
  • Representación: Cristo representa a quienes le pertenecen.
  • Consagración: su victoria asegura que la cosecha pertenece a Dios.
  • Garantía: así como aparecieron las primicias, también llegará la cosecha completa.

Por eso, Pablo no presenta la resurrección solamente como una doctrina que debemos comprender, sino como una esperanza que nace de un acontecimiento real. El sepulcro vacío de Cristo es la promesa anticipada de muchos sepulcros que quedarán vacíos cuando Él regrese.

Conclusión

Que Cristo sea “las primicias de los que murieron” significa que su resurrección no terminó con Él. Fue el comienzo de algo mucho mayor. Jesús salió victorioso de la tumba como representante de una cosecha humana que todavía espera ser recogida.

Los creyentes que han muerto no han sido olvidados, no se han perdido ni han quedado fuera del alcance de Dios. Duermen en espera del llamado del Dador de la vida. La garantía de su despertar no se encuentra en una inmortalidad natural del alma, sino en un Cristo vivo que venció la muerte.

Las primicias ya fueron presentadas; por lo tanto, la cosecha vendrá. Cristo ya resucitó; por lo tanto, quienes murieron en Él también resucitarán. Y Pablo establece con claridad cuándo sucederá: “cuando él venga”.

La tumba de Jesús está vacía. Por eso, ningún sepulcro que guarde a uno de sus hijos permanecerá cerrado para siempre.///////.

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