2 Corintios 2:14-16
«Así que, ¡gracias a Dios!, quien nos ha hecho sus cautivos y siempre nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo. Ahora nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume. Nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios, pero esta fragancia se percibe de una manera diferente por los que se salvan y los que se pierden. Para los que se pierden, somos un espantoso olor de muerte y condenación, pero para aquellos que se salvan, somos un perfume que da vida. ¿Y quién es la persona adecuada para semejante tarea?»

Vivimos en una época donde las personas, especialmente los jóvenes, se preocupan mucho por la imagen que proyectan. Piensan en cómo vestirse, qué publicarán, cuántos seguidores van a ganar o qué impresión caurarán en los demás. Sin embargo, Pablo utiliza una ilustración diferente. No habla de apariencia, sino de perfume.
El perfume tiene una característica interesante: no se ve, pero todos lo perciben. Cuando alguien entra en una habitación con una fragancia agradable, aunque no lo veamos inmediatamente, sabemos que está allí. De la misma manera, cada persona deja una influencia dondequiera que va. Nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestras decisiones dejan una huella en quienes nos rodean.
Cuando Pablo escribió estas palabras, sus lectores conocían muy bien los desfiles triunfales romanos. Después de una gran victoria militar, el general vencedor recorría las calles de Roma acompañado por sus soldados, mientras se quemaban perfumes e incienso por toda la ciudad. Aquel aroma significaba victoria y celebración para los ciudadanos romanos. Pero para los prisioneros que marchaban encadenados detrás del desfile, el mismo aroma significaba derrota y muerte.
Tomando esa imagen, Pablo dice que Cristo es el verdadero vencedor y que nosotros participamos en su triunfo. Nuestra vida debe difundir el conocimiento de Jesús por todas partes como un perfume agradable.
Lo más interesante es que Pablo no dice que simplemente hablemos de Cristo. Dice que somos la fragancia de Cristo. Es decir, las personas deberían percibir algo de Jesús cuando están cerca de nosotros. Nuestra manera de tratar a otros, nuestra honestidad, nuestra bondad y nuestra fidelidad hablan mucho más fuerte que cualquier discurso.
Aquí aparece una pregunta importante: ¿qué aroma está dejando mi vida?
En un mundo donde muchos buscan identidad en la popularidad, en la apariencia física o en la aprobación de los demás, Pablo nos recuerda que nuestra verdadera identidad está en Cristo. No somos el número de seguidores que tenemos. No somos las opiniones que otros tienen sobre nosotros. Somos hijos de Dios llamados a reflejar el carácter de Jesús.
También aprendemos que el perfume representa fidelidad. Un perfume auténtico conserva su esencia dondequiera que esté. Del mismo modo, Dios nos llama a ser los mismos dentro y fuera de la iglesia. Es fácil hablar de Cristo cuando estamos rodeados de creyentes; el verdadero desafío es mantener el aroma de Cristo en la universidad, en el trabajo, en las redes sociales y entre amigos que no comparten nuestra fe.
Quizá no todos reaccionarán de la misma manera. Pablo dice que para algunos este perfume es aroma de vida y para otros aroma de muerte. Jesús mismo provocó reacciones diferentes. Algunos lo siguieron con alegría y otros lo rechazaron. Nuestra responsabilidad no es agradar a todos; nuestra responsabilidad es reflejar fielmente a Cristo.
Al final, la fragancia más importante no es la que perciben las personas, sino la que llega hasta Dios. Cada acto de obediencia, cada decisión correcta y cada muestra de amor sincero ascienden como un perfume agradable delante de Él.
Por eso, al comenzar cada día, vale la pena preguntarnos: ¿Qué aroma dejaré hoy? ¿Percibirán las personas mi personalidad solamente, o podrán percibir también a Jesús en mí?
Porque una vida conectada con Cristo siempre deja tras de sí un perfume que da vida.
Reflexión final
Tu identidad te dice quién eres, tu fidelidad demuestra a quién perteneces, y tu influencia revela qué perfume estás derramando sobre el mundo. Que tu vida desprenda el aroma inconfundible de Cristo.///////.

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