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“De día, el SEÑOR iba al frente de ellos en una columna de nube para indicarles el camino; de noche, los alumbraba con una columna de fuego. De ese modo podían viajar de día y de noche” (Éxodo 13:21 NVI)

Uno de los mayores anhelos de Dios es vivir con sus hijos, como un padre cuando recibe en sus brazos a su pequeño hijo. Ese fue el propósito original de la creación del hombre, a saber, el Creador viviendo con sus criaturas; además, toda la “maquinaria” celestial está dirigida a restaurar ese propósito que ha sido quebrado. Elena De White comenta sobre este punto: “El gran plan de la redención dará por resultado el completo restablecimiento del favor de Dios para el mundo. Será restaurado todo lo que se perdió a causa del pecado. No sólo el hombre, sino también la tierra será redimida, para que sea la morada eterna de los obedientes. Durante seis mil años, Satanás luchó por mantener la posesión de la tierra. Pero se cumplirá el propósito original de Dios al crearla. ‘Tomarán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre’ (Daniel 7: 18 R60)»[1]

No obstante, como consecuencia del pecado se produjo una brecha en la relación del hombre con Dios. A pesar de este accidente, Dios buscó distintos medios para asociarse con el ser humano que sufrió una severa degradación de su naturaleza física, moral, y espiritual. En la Biblia podemos encontrar varios ejemplos de los intentos de Dios por estar cerca de sus hijos, cuyo final será la convivencia eterna del Creador con sus creación humana. Encontramos al Señor planificando la construcción de un Santuario cuyo objetivo era estar con sus hijos: “Después me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes”.[2] Otro ejemplo es el envío del Espíritu Santo, para acercar a Dios con los seres humanos: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho”.[3] También la encarnación de Jesucristo es otra muestra del empeño de Dios de estar en cada momento cerca de sus hijos, el mismo nombre “Emanuel” significa “Dios con nosotros”.[4]

Otras de las demostraciones del anhelo de Dios de estar con sus hijos, de tenerlos cerca en todo momento, se encuentra en la experiencia de Israel en el desierto. Allí en medio del calor agobiante, de la arena que lastimaba las plantas de los pies, de la noche helada del desierto Dios se manifestó poderosamente para recordarles a sus hijos que él no se había olvidado de ellos, que estaba pendiente de sus necesidades y que estaría en todo momento cerca de ellos, por eso “de día, el SEÑOR iba al frente de ellos en una columna de nube para indicarles el camino; de noche, los alumbraba con una columna de fuego. De ese modo podían viajar de día y de noche”.[5]

Mi amigo (a), quizás el dolor, los problemas que presionan, las necesidades que agobian, nos arrinconan a la pared y el silencio nos grita que estamos solos y que nadie vendrá en nuestra ayuda. Sin embargo, ten la confianza que en medio del calor abrasador de las dificultades, aparecerá una nube blanca encima de tu cabeza y te dará la sombra que necesitas para sobrevivir. A la vez, cuando el frío de la soledad y las dudas te embarguen, clama y sentirás el fuego protector del amor de Dios. No olvides que el mayor anhelo de Dios es estar a nuestro lado a cada momento y que muy pronto solucionará esa brecha que por tantos años nos ha privado del gozo supremo de verlo cara a cara y vivir con él por siempre. ¡No desistas! “habrá llegado el tiempo hacia el cual los santos miraban con anhelo desde que la espada flamígera echó del Edén a la primera pareja, el tiempo de ‘la redención de la posesión adquirida’. La tierra originalmente dada al hombre como reino suyo, entregada alevosamente por él a las manos de Satanás y durante tanto tiempo dominada por el poderoso enemigo, será recobrada por el gran plan de redención… Ese propósito se cumplirá cuando, renovada por el poder de Dios y liberada del pecado y de la tristeza, llegue a ser la patria eterna de los redimidos».[6]

¡Un poco más de paciencia!

Pr. Joe Saavedra

Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] ¡Maranata: El Señor Viene!, cap: “seguridad eterna”

[2] Éxodo 25:8 NVI

[3] Juan 14:26 NVI

[4] Mateo 1:23

[5] Éxodo 13:21 NVI

[6] Hechos de los Apóstoles, pág.86

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