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REFLEXIONES 2021
ERMITAÑO DE CIUDAD
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“No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno” (Juan 17.15 NVI)

Ken Smith
Ken Smith

La cineasta Lizzie McKenzie durante los últimos dos años ha filmado un documental de BBC Escocia: “The Hermit of Treig” («El ermitaño de Treig»). Pero ese proyecto nació hace nueve años cuando se puso en contacto con la fuente de su reportaje, Ken Smith, quien durante casi 40 años ha evitado la vida convencional y ha vivido solo, sin electricidad ni agua corriente en una cabaña de madera hecha a mano a orillas de un lago remoto en las Tierras Altas de Escocia. Su hogar, está a dos horas a pie de la carretera más cercana en el borde de Rannoch Moor, por el lago Treig.

Definitivamente, no todo el mundo estaría de acuerdo en que el estilo de vida aislado y solitario de Ken, pescando y recolectando alimentos, recogiendo leña y lavando su ropa en un viejo baño al aire libre sea lo ideal. Y menos aún a los 74 años.

Una fotografía de Ken junto a un pez.
Ken Smith

Ken, quien es originario de Derbyshire, cuenta que la decisión de aislarse del mundo empezó cuando a la edad de 26 años fue golpeado por una banda de matones después de una noche de fiesta. Sufrió una hemorragia cerebral y perdió el conocimiento durante 23 días. Al despertarse, dijeron que nunca volvería a ser normal, que no podría volver ha hablar o caminar. Pero lo hizo, y decidió alejarse de este mundo pesimista y cruel.

Viajó hasta la frontera entre Canadá y Alaska, y se internó en la naturaleza. Allí, se preguntó qué pasaría si simplemente se marchara caminando de la carretera y «se fuera a ninguna parte». Así que eso es lo que hizo. Asegura que caminó unos 35.000 kilómetros antes de regresar a su hogar. Pero al llegar a casa, se enteró que sus padres habían muerto, allí consolidó su decisión de apartarse de todo. Ken caminó a lo largo de Gran Bretaña, llegando hasta Rannoch, en las Tierras Altas de Escocia, cuando sintió que allí estaba su hogar, y decidió construirse una casa. Cuatro décadas después, la cabaña tiene un fogón de leña, pero no hay electricidad, gas ni agua corriente y, definitivamente, no hay señal de teléfono celular.

Mi apreciado(a) amigo(a), apartarse de todo y todos, vivir solitario muchos años, hasta convertirse en un ermitaño, es una experiencia extrema. Quizá con seguridad una decisión así nos proteja de un mundo decadente y peligrosamente influyente. Pero, hacerlo resulta poco improbable, porque el caso de Ken es una experiencia límite, y no necesariamente escapando de todo lo que nos rodea seremos inmune a la influencia negativa de una sociedad que se va tornando cada vez más amoral, secular e incrédula.

La respuesta a esta incógnita la encontramos en el diálogo de Jesús con su Padre: “No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno”. Porque aún apartados de todo lo mundano, en el rincón más inhóspito de la tierra, nuestra naturaleza que se inclina al mal puede resolver equivocarse. Por eso, la mejor forma de protegernos del dominio y autoridad del mal es enfrentándolo y tomando buenas decisiones. Y las mejores, resultan de la influencia de la Palabra de Dios, y de frecuentar a personas que también están intentando vivir piadosamente.

No obstante, si tienen en mente alejarte de todo y todos, no necesitas emprender una travesía a las montañas o el desierto, porque puedes tornarte un ermitaño en tu habitación o en tu ciudad, alejado del mal y sus acciones. Por eso el salmista escribió: “El camino de Dios es perfecto; la palabra del SEÑOR es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian”.[1] ¿Qué piensas… qué decides?//////////////.

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[1]Salmo 18:30 NVI

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