“Más tarde estaba Jesús sentado en el monte de los Olivos, cuando llegaron los discípulos y le preguntaron en privado: —¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?” (Mateo 24.3, NVI)
E
l tema del “fin del mundo” es uno que ha intrigado a muchos desde tiempos antiguos. Un ejemplo de esta aseveración, es la pregunta que le hicieron a Jesús sus seguidores en los comienzos de la cristiandad: “—¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?” No obstante, en la actualidad es una pregunta que ya no se limita al campo filosófico, astrológico, ni religioso, tampoco sigue perdido en las aguas oscuras de lo misterioso. Hoy es una pregunta global, que hace eco en los laboratorios, en los palacios gubernamentales y en las calles de las grandes ciudades. El mundo siente que algo viene, no tan grato, porque todos los ámbitos del quehacer humano se están alterando, especialmente lo ecológico, donde radica la sobrevivencia humana.
Por estos días, investigadores del Universidad Anglia Ruskin (Inglaterra), han publicado un estudio, refutando una predicción científica de 1972, dándole a la tierra una sobrevivencia de 50 años más,[1] es decir, el ‘fin del mundo’ no llegará en 2050, como se había predicho por los años 70, sino en 2100. Este nuevo estudio fue difundido en la revista Sustainability.[2]
La investigación indica que dentro de 85 años todos los recursos de nuestro planeta podrían agotarse, lo que pondría fin a la vida humana. Los científicos llegaron a esta conclusión, haciendo cálculos con un modelo informático que es capaz de mostrar la rapidez con que los recursos de nuestro planeta se acabarían. 
El investigador Aled Jones, que lideró el equipo de científicos, señaló a la revista norteamericana Tech Times que la sociedad tiene que «encontrar soluciones a algunos de los problemas observados en 1972″, porque los avances de la tecnología en la agricultura, la disminución de la contaminación y el menor uso de energía no renovable, le ha dado 50 años más de vida a la especie humana, pero ese tiempo es demasiado corto, puesto que, replica Jones, “la escasez global de recursos es real», y el fin es casi inevitable.
Y todo esto es verdad, por ejemplo, los datos de la Organización Mundial para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), develan que para el año 2050 dos de cada tres personas sufrirán escasez de agua, lo que hace prever una situación peor para las siguientes décadas. Las razones innegables para esta sequía mundial, mencionados por FAO en abril pasado, son el consumo excesivo, la degradación de los recursos y el impacto del cambio climático.
Asimismo, en el 2050 se necesitará un 60% más de alimentos para la población, que a mediados de siglo alcanzará los 9,7 mil millones de personas. En los países en desarrollo se necesitará un 100% más de productos alimenticios básicos.
Con todo esto, la pregunta de los discípulos de Jesús, hace un eco estruendoso en nuestros días, buscando una respuesta. Y nosotros tenemos una respuesta correcta, validado por la Palabra de Dios, el Creador de los cielos y la tierra. Mateo 24, Marcos 13, 1 Tesalonicenses 4 y 5, son algunas partes de la Biblia que responden con acierto y verdad la pregunta que intriga a los habitantes de este mundo.
El hambre, la sed, el cambio climático, la inmoralidad generalizada, las guerras, las enfermedades, las religiones falsas, el odio entre seres humanos, no son más que señales inequívocas de la verdadera causa del fin del mundo: el retorno de Jesús en gloria y majestad. Su venida pone fin al estado actual del planeta tierra. ¿Acaso no escribe el apóstol Pedro?, “pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada”.[3] ¿Acaso no escribió Elena de White esto?, “los huracanes, las tormentas, las tempestades, los incendios y las inundaciones, los desastres por tierra y mar, se siguen en rápida sucesión. La ciencia procura explicar todo eso. Menudean en derredor nuestro las señales que nos dicen que se acerca el Hijo de Dios, pero son atribuidas a cualquier causa menos a la verdadera. Los hombres no pueden discernir a los ángeles centinelas que refrenan los cuatro vientos para que no soplen hasta que estén sellados los siervos de Dios; pero cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá una escena de contienda que ninguna pluma puede describir”.[4]
Mi apreciado(a) compañero(a) de fe, la verdad del fin del mundo no debería alarmarnos, ni causarnos espanto, más bien debería causar en nuestra vida un sentido de emergencia que nos lleve a prepararnos, y predicar sin descanso. Se vienen días espantosos y de destrucción, “ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?… Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él”.[5]
Porque, no es la sed, ni el hambre físico que condenará al hombre a la destrucción final, sino el hambre y la sed de la Palabra de Dios y de las verdades del retorno de Cristo. Un adventista, no lo es por nombre, por un certificado, por una credencial o un cargo, sino porque aguarda, se prepara y predica sobre el fin de mundo, y esto, cuando Jesús retorne por segunda vez. Con razón White escribió: “Si pudiese descorrerse el telón, y pudiesen discernir los propósitos de Dios y los juicios que están por caer sobre un mundo condenado, si ustedes pudiesen ver su propia actitud, temerían y temblarían por sus propias almas y por las almas de sus semejantes. Harían ascender al cielo oraciones fervientes con corazón angustiado. Llorarían entre el pórtico y el altar, confesando vuestra ceguera espiritual y apostasía”.[6]
¡Cristo viene, prepárate y predica!//////////.
Desde mi rincón de poder… un poquito antes del retorno de Jesús…
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[1]http://elcomercio.pe/ciencias/investigaciones/fin-mundo-seria-2100-segun-cientificos-noticia-1830123
[2]http://www.mdpi.com/2071-1050/7/8/9864/htm
[3]2 Pedro 3.10, NVI
[4]Elena G. de White, Consejos para la iglesia: Un manual de creencias doctrinales y vida cristiana, ed. Aldo D. Orrego, trans. David P. Gullón, Segunda edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 310.
[5]2 Pedro 3.11–15 NVI
[6]Elena G. de White, Consejos para la iglesia: Un manual de creencias doctrinales y vida cristiana, 310.

