Contacto

610 786 087

no
Iglesia
LOBOS RAPACES
Comment 0

“Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre. Sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño” (Hechos 20:28-29, NVI).

El apóstol Pablo advierte que falsos maestros intentarían infiltrarse en la iglesia, utilizar la mentira y arrastrar al pueblo de Dios hacia la apostasía. Los identifica como lobos feroces, cuya intención es devorar a las ovejas y destruir el rebaño. La Reina Valera Actualizada los denomina “lobos rapaces”, una expresión que destaca su naturaleza depredadora: no entran para cuidar, alimentar o proteger, sino para apoderarse de aquello que pertenece a Dios.

Estos lobos feroces son hombres que “han entrado encubiertamente, los cuales desde antiguo habían sido destinados para esta condenación”.1 Se presentan disfrazados de cristianos, pero su naturaleza impía termina convirtiendo las prácticas correctas de la fe en conductas mundanas revestidas de apariencia religiosa. El apóstol Judas los identifica como “hombres impíos, que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje y niegan al único Soberano y Señor nuestro, Jesucristo”.2 Su carta de presentación es la mentira, aunque generalmente procuran hacerla creíble mezclándola con verdades a medias.

Pablo también advirtió a los creyentes de Galacia acerca de la naturaleza encubierta de estos falsos maestros: “El problema era que algunos falsos hermanos se habían infiltrado entre nosotros para coartar la libertad que tenemos en Cristo Jesús a fin de esclavizarnos”.3 Su propósito era arrebatarles la libertad recibida en Cristo y someterlos nuevamente a prácticas contrarias al evangelio. El apóstol expresó su asombro ante la rapidez con la que aquellos engañadores lograban confundir, convencer y desviar a los creyentes: “Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo”.4

Jesús, por su parte, comparó a quienes introducen el error con la mala hierba o cizaña que crece en medio del trigo: “Esto es obra de un enemigo”, les respondió. Le preguntaron los siervos: “¿Quiere usted que vayamos a arrancarla?” “¡No! —les contestó—, no sea que, al arrancar la mala hierba, arranquen con ella el trigo”.5 La advertencia es solemne: la cizaña aparece en medio del sembrado, se parece al trigo durante una parte de su crecimiento y permanece allí hasta el tiempo de la cosecha. Precisamente por su semejanza exterior, puede pasar inadvertida y resultar difícil de reconocer.

Elena de White también advirtió a la iglesia: “Se mezclarán falsas teorías con cada fase de la experiencia, y se abogará con satánico fervor con el propósito de cautivar la mente de cada creyente cuyo conocimiento no esté enraizado en los sagrados principios de la Palabra de Dios. En nuestro propio medio se levantarán falsos maestros investidos de espíritus seductores que sostendrán doctrinas de origen satánico. Con palabras lisonjeras, con tacto seductor y con tergiversaciones habilidosas, lograrán arrastrar como discípulos a los que estén desprevenidos”.6

La amenaza, por tanto, no siempre llegará desde fuera ni se presentará abiertamente como enemiga de la verdad. Puede levantarse dentro de la propia comunidad, utilizar vocabulario cristiano, mostrarse amable y aparentar espiritualidad. Por eso Pablo comienza diciendo: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño”. Antes de vigilar a otros, cada creyente y cada líder debe examinar su propio corazón, arraigarse en la Palabra y aprender a distinguir entre la voz del Pastor y las palabras seductoras del engaño.

Mi hermano, mi hermana: la advertencia está dada. Los lobos rapaces se encuentran al acecho y procuran acercarse al rebaño sin revelar su verdadera naturaleza. Pero surge una pregunta inevitable: ¿quiénes son esos lobos rapaces y cómo podemos reconocerlos?

¡Buena pregunta!… ¡Hasta mañana!///////.

Desde mi rincón de poder y un poquito antes del retorno de Cristo…

Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


[1] Judas 1:4 NVI

[2] Ibid.

[3] Gálatas 2:4 NVI

[4] Gálatas 1:6,7 NVI

[5] Mat 13:28-29 NVI

[6] Recibiréis poder, 16 de abril

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *