“Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y aún hoy anuncio todos tus prodigios” (Salmos 71:17 NVI).
No le veo sentido estar en medio de una oscuridad, tener una lámpara encendida y guardarla debajo de la cama. La luz existe para alumbrar, sino dejaría de ser luz. Muchas veces he estado por caminos, montañas y parajes bien oscuros y que bendición es tener una linterna que te muestre el camino para no tropezar. La luz no solamente alumbrar, también da seguridad, porque puedes poner tu pie en lugar firme y evitar los baches o los precipicios.
Mi amigo, debes sentirte privilegiado por tener la luz del evangelio en tu vida. Esa luz te hará sentir protegido y seguro, porque en medio de la oscuridad del pecado y la degradación humana, sabrás por donde escapar y no tropezar. Aprovecha todo lo que estás aprendiendo, cada culto, cada reunión de grupo pequeño, cada seminario, cada momento de devoción, tienen muchas lecciones de vida y esperanza que debes asimilar y llevarlo a la práctica. Toma la luz y alumbra tu camino.
No obstante, esa luz puede ser compartida. Hay muchos jóvenes que andan asustados porque no saben a dónde ir. No ven nada, andan a tientas, adivinando lo que viene adelante. Muchos de ellos tropiezan y caen. Por eso, levanta la luz donde estás, anuncia los prodigios que Dios ha hecho en tu vida. Proclama cuán grande es Dios y el poder de su brazo fuerte.
Atrévete hoy día a llevarle a esperanza a algún amigo. Párate en una esquina de tu universidad, o de tu trabajo, o del lugar que te encuentres y observa. Hay alguien que está tropezando, asustado, esperando el momento de la caída. Tú puedes mostrarle a ese Dios soberado y las hazañas que hizo por ti y que puede hacer por él. ¡Atrévete!
Con aprecio
Pr. Joe Saavedra
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