“Con sabiduría se construye la casa; con inteligencia se echan los cimientos.” (Proverbios 24.3, NVI)
Es imposible que una persona o ser viviente pueda vivir sin cabeza, quizás el cuerpo pueda reaccionar unos minutos pero finalmente quedará inerte. En la cabeza se ubica el centro de control y mando de todo el cuerpo, por lo tanto, si es arrancado, el cuerpo queda a la deriva. En un sentido menos reflexivo, si una cabeza es arrancada de su cuerpo, éste morirá en muy poco tiempo por la hemorragia. Por esto, la historia de Mike es asombrosa.
El 10 de septiembre de 1945, Lloyd Olsen y su mujer Clara estaban matando pollos en su granja de Fruita, en Colorado, Estados Unidos. Olsen decapitaba a las aves y su mujer las limpiaba. Pero uno de los 40 o 50 animales que se sometieron al hacha de Olsen no se comportó como el resto.
«Llegaron hasta el final y se dieron cuenta de que uno todavía seguía vivo y andaba caminando», dice el bisnieto de la pareja, Troy Waters, también agricultor de Fruita. El pollo corría y corría sin parar.
Lo dejaron por la noche en una vieja caja de manzanas y, cuando Lloyd Olsen se despertó a la mañana siguiente y fue a ver qué había pasado, “el pollo seguía vivo”, dice Waters.
Waters escuchó la historia de niño, cuando su bisabuelo vino a vivir con su familia. Su habitación estaba al lado de la suya y el anciano, por lo general insomne, hablaba durante horas.
El rumor en torno a esta ave milagrosa comenzó a correr por Fruita. El diario local envió un reportero a entrevistar a Olsen y dos semanas más tarde se le acercó un promotor de espectáculos llamado Hope Wade, de Salt Lake City, en Utah, quién le propuso hacer dinero con el pollo, exhibiéndole en los espectáculos, y es allí que parece que le pusieron su nombre artístico: Mike.
Fue tal el impacto de este suceso, que científicos de la Universidad de Utah sometieron al pollo a una serie de pruebas. Comentan que los investigadores de la universidad decapitaron a varios pollos para ver si alguno sufría la misma suerte. En ese interín, la revista Life Magazine descubrió la historia de Mike, «el milagroso pollo sin cabeza», como tituló Hope Wade al espectáculo. De esta forma el pollo sin cabeza se volvió famoso.
Después de varios sucesos, Mike murió en Phoenix en 1947, después de 18 meses.[1]
Los científicos que estudiaron a Mike, dieron respuestas bastante coherentes, sin embargo nunca dejaron de expresar su asombro, porque este hecho es realmente increíble, puesto que un pollo puede moverse y hasta correr sin cabeza hasta por quince minutos, pero nunca un animal vivió sin cabeza 18 meses.
De la misma forma un ser humano no puede vivir y menos moverse sin cabeza. Quizás el mismo cerebro y el cuerpo de una persona decapitada puedan sobrevivir unos pocos segundos, pero la falta de oxígeno y la hemorragia severa quitan la vida. Entonces lógicamente, es importante y vital tener la cabeza en su sitio para sobrevivir, y por otro lado, como mencionamos, allí se controla todo el cuerpo, porque el ser humano va construyendo su historia por las decisiones que toma.
Es imposible que un ser humano, pueda vivir sin cabeza como Mike, pero es totalmente posible que esa cabeza solamente le sirva para existir, pero no para vivir como a Dios le agrada, tomando buenas y sabias decisiones en base a los principios bíblicos. Es decir, pueden haber personas con la cabeza en su sitio, pero decapitados moralmente y espiritualmente, porque “con sabiduría se construye la casa; con inteligencia se echan los cimientos”, y éstos descansan en el temor del SEÑOR que es el principio del conocimiento.[2]
Mi apreciado(a) amigo(a), vivamos con la cabeza bien puesta, es decir, con la cabeza al servicio de Dios, entonces la inteligencia y la sabiduría nos llevarán por la senda correcta. Y esto se logra, cuando eliges seguirlo y hacer su voluntad. Elena de White escribe sobre aquellos que no tienen la cabeza en orden: “Deseas consagrarte a él pero eres moralmente débil, esclavizado a la duda y dominado por los hábitos de una vida de pecado. Tus promesas y resoluciones son tan frágiles como telas de araña. No puedes gobernar tus pensamientos, impulsos y afectos. La conciencia de tus promesas no cumplidas y de tus votos quebrantados debilita tu confianza en tu propia sinceridad y te induce a sentir que Dios no puede aceptarte; pero no necesitas desesperar. Lo que necesitas entender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de decidir o de elegir. Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; depende de ellos el ejercerlo. Tú no puedes cambiar tu corazón,[3] ni por ti mismo dar sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirle. Puedes darle tu voluntad; entonces él obrará en ti tanto el querer como el hacer de acuerdo con su voluntad. De ese modo tu naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo; tus afectos se centrarán en él y tus pensamientos se pondrán en armonía con él”.[4] ¡Vivamos con la cabeza bien puesta!////////////.
Desde mi rincón de poder… un poquito antes del retorno de Jesús…
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[1]http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150910_mike_pollo_sin_cabeza_lp
[2]Proverbios 1.7 NVI
[3]Cabeza
[4]Elena G. de White, El camino a Cristo, ed. Aldo D. Orrego, trans. Staff de la ACES, Vigésima edición. (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), 26.

