El Santuario y los Tres Ángeles — Lección 1: El movimiento millerita

En 1816, un granjero de Nueva York aceptó un desafío: demostrar que la Biblia no se contradice. Lo que descubrió despertó a miles de personas con la esperanza de la segunda venida de Cristo y condujo a una fecha que marcó la historia: el 22 de octubre de 1844.
Un mundo que despertaba
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX hubo un interés mundial “sin precedente” por las profecías de la segunda venida. Antes de que Miller publicara nada, unos 40 autores de Europa y América ya señalaban la década de 1840 como el fin de la profecía de los 2300 días. Se cumplía lo anunciado a Daniel: el libro estaría sellado “hasta el tiempo del fin”, cuando “la ciencia se aumentará” (Daniel 12:4).
El reto de un granjero
Guillermo Miller (1782-1849) era un granjero autodidacta de Low Hampton, Nueva York. Había sido deísta: creía en un Dios lejano que no se revela. Tras su conversión, un amigo lo desafió a defender la Biblia. Miller respondió:
“Si la Biblia es la Palabra de Dios, entonces cada cosa que ésta contenga podrá ser comprendida y todas sus partes deberán armonizar”
Con solo una Biblia y una concordancia, estudió versículo por versículo, de Génesis a Apocalipsis. Cuando un texto era difícil, lo comparaba con todos los pasajes paralelos. Su regla era sencilla: “la Escritura debe ser su propio intérprete”, el mismo principio de los creyentes de Berea, que “escudriñaban cada día las Escrituras” (Hechos 17:11).
Un mensaje que sacudió a América
En 1818 Miller concluyó que Cristo vendría “alrededor de 1843”. Esperó trece años antes de predicar; su primera conferencia fue en agosto de 1831, en Dresden, Nueva York.
Su mensaje era claro: Cristo volvería de forma literal y visible (Hechos 1:11; Apocalipsis 1:7), no después de un milenio de paz humana. Pronto se le unieron Josué V. Himes, Josías Litch y Carlos Fitch. Surgieron unos 40 periódicos, como Signs of the Times y The Midnight Cry (“El clamor de medianoche”, Mateo 25:6). Entre 50.000 y 100.000 personas se unieron al movimiento, y más de un millón lo observó con curiosidad.
El cálculo de 1844
El centro de la esperanza millerita era Daniel 8:14: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”.
- En la profecía, un día equivale a un año (Números 14:34; Ezequiel 4:6).
- Los 2300 años comienzan con el decreto de Artajerjes para restaurar Jerusalén, en 457 a.C. (Esdras 7; Daniel 9:25).
- Miller primero calculó 1843. Luego Samuel S. Snow mostró que el período terminaba en el otoño de 1844, el Día de la Expiación (Levítico 23:27).
- En el campestre de Exeter (agosto de 1844) se fijó la fecha: 22 de octubre de 1844.
El Gran Chasco
Aquel día Cristo no vino. Fue “la más grande crisis” del movimiento. Muchos abandonaron la fe; otros fijaron nuevas fechas. Pero un pequeño grupo volvió a la Biblia y descubrió que la fecha era correcta, pero el evento estaba mal entendido. En 1844 no comenzó el regreso de Cristo a la tierra, sino una nueva obra de Cristo en el santuario celestial.
Lo que aprendemos hoy
- Dios usa a personas sencillas que estudian su Palabra con sinceridad.
- La Biblia se explica a sí misma cuando la estudiamos con paciencia.
- No fijamos fechas: “del día y la hora nadie sabe” (Mateo 24:36). Pero la profecía de Daniel 8:14 se cumplió a tiempo.
- Una gran desilusión puede convertirse en una gran luz: “Aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá” (Habacuc 2:3).

Fuente: Alberto R. Timm, El Santuario y el mensaje de los tres ángeles, pp. 14-62. · www.poder1844.org
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