“Se levantará nación contra nación, y reino contra reino… Todo esto será apenas el comienzo de los dolores” (Mateo 24:7,8 NVI)
Más allá de una guerra o de un país invadiendo otro, el aparente orden mundial al cual ya estábamos acostumbrados está en vilo. Si las cosas continúan así, un nuevo orden en la vivencia humana a nivel global se avecina, aunque no exento de mucho caos y dolor.
Cuando hablamos de un nuevo orden mundial, nos referimos a esas normas internacionales que son como las reglas de una casa o entre amigos: solo existen y son válidas en la medida que la gente las practica. Y la invasión de Rusia a Ucrania es una señal clara que esas normas ya están por desaparecer.
Sin embargo, este orden internacional ya estaba muy débil, y no había coherencia con lo que ahora se quiere denunciar. La guerra de Irak y otros tantos eventos en los cuales potencias occidentales cambiaron los gobiernos de otros países a la fuerza: Afganistán, o tantos en América Latina, son ejemplos de la debilidad de orden mundial que ahora está agonizando. Es decir, el hecho de que Occidente haya creado excepciones para sí mismo, pasando por alto reglas internacionales, era una clara señal del debilitamiento del orden entre las naciones, que hoy Rusia muestra que no respeta más, entonces es inevitable que las cosas van a cambiar a nivel mundial.
Volviendo al evento que hoy tiene asombrado al mundo, cuando los tanques y los misiles de Rusia cruzaron hacia suelo ucraniano, los principios del derecho y las relaciones internacionales que costaron dos guerras mundiales e innumerables vidas parecieron echados por tierra. La sorpresa es mayor, cuando nos percatamos que invadir a un vecino o tomar tierras por la fuerza, que fue una práctica a través de los siglos, se volvió casi imposible desde la segunda mitad del siglo XX. Sadam Hussein intentó volver a esa práctica, y fue derrotado.
Ahora la cosa es mucho más seria, Rusia no es Irak, es una potencia con un poderoso brazo armado que nadie quiere enfrentar, y si pensamos que las sanciones económicas y represalias occidentales pueden hacerla retroceder, nos equivocamos, porque el presidente de esa nación frente al accionar sancionador de occidente ha respondido tajantemente: «nos están declarando la guerra». ¿Entonces?, ¿qué viene, ¿China invadiendo Taiwán?, ¿el poderoso arrasando con el débil?, ¿una nueva guerra a nivel global?
Lo seguro es que nada volverá a ser lo mismo, un nuevo orden mundial se avecina. Y la Biblia ya lo había advertido. Cuando pensábamos que ese asunto de los conflictos entre naciones ya estaba controlado, y que las reglas mundiales de convivencia funcionaban de maravilla, nos damos cuenta de que no es la realidad: los tambores de guerra suenan cada vez más cerca de nuestros oídos, y de ninguna manera cesarán.
Ver como millones de personas se quedan sin hogar de la noche a la mañana y tienen que huir heridos en el cuerpo y en la mente, me recuerdan la profecía: “apenas el comienzo de los dolores” y me estremezco.
La palabra original griega que se traduce como “dolores” (ōdinōn),[1] lleva la idea de ese dolor que sienten las madres cuando están a punto de dar a luz, y no es cualquier dolor, sino pregúntale a tu mamá, y verás que te narra momentos de angustia intolerable. La Biblia habla de ese dolor insoportable, que se inicia cuando las reglas de convivencia entre naciones no son respetadas, produciendo guerras y conflictos. ¿Qué viene? ¿una tercera guerra mundial?, ¿bombas nucleares arrasando con las ciudades?, ¿escasez de alimentos?, ¿encarecimiento de los servicios básicos de la población?, ¿migraciones obligadas de millones de personas?
Mi apreciado(a) compañero(a) de fe, tú y yo somos testigos privilegiados del cumplimiento de las señales que determinan que esta Tierra está entrando en tiempos de caos y dolor, sin opción a escapar de ellos. ¿Qué hacer frente al cambio de las reglas mundiales y las posibles consecuencias globales que produzcan mucho dolor?
Tengo dos respuestas para esa pregunta. (1) Mateo 24: 13 dice: “… pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo”. La palabra “firme” en el idioma original, conlleva perseverancia, resistencia y paciencia. Es decir, no te salgas del camino de fe que estás andando, confía en que Dios proveerá lo que necesitas y que de ninguna manera un justo padece de hambre, y aún así sientas mucho dolor, espera en la providencia de Dios.
(2) Dice 2 Pedro 3:11 y 12: “Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?”. Aunque el texto está demasiado claro, puedo resumirlo: “Camina bajo el paraguas de los principios bíblicos y prepara tu vida para encontrarte con Jesús”.
¿Qué piensas?, ¿Qué decides?/////////////.
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[1]Joseph Henry Thayer, A Greek-English lexicon of the New Testament: being Grimm’s Wilke’s Clavis Novi Testamenti (New York: Harper & Brothers., 1889), 679.




