El lunes 21 de abril por la mañana una noticia sacudió la urbe: Francisco ha muerto. El camarlengo del Vaticano, el cardenal Kevin Farrell, anunció la muerte del líder católico con estas palabras: «A las 7:35 horas el Obispo de Roma ha regresado a la casa del Padre».
Fuentes vaticanas informaron que un ictus cerebral fue la causa del coma y fallo cardiocirculatorio irreversible. Además, anunciaron que partir del martes 22 el funeral papal, llamado Missa poenitentialis, sería público en la Basílica de San Pedro. Después de la noticia, cientos de devotos de todo el mundo se concentran frente a la Basílica, honrando su memoria. Asimismo, los principales líderes del mundo, especialmente los más poderosos, han enviado sus pésames y asegurado su presencia para el funeral del sábado. Ese día después de la ceremonia, el féretro con los restos mortales del Papa Francisco será trasladado a la Basílica de Santa María la Mayor, allí será enterrado en una sencilla cripta, según dejó escrito el pontífice argentino en su testamento.
¿Es relevante este acontecimiento para el pensamiento protestante contemporáneo?
La muerte de un pontífice y la elección de su sucesor constituyen eventos que, más allá de su solemnidad ritual y su significación intraeclesial para el catolicismo romano, no deberían ser ignorados por quienes se dedican al estudio bíblico ni por aquellos que profesan la fe cristiana desde una perspectiva evangélica o protestante. Estos hechos, lejos de ser meramente formales, se inscriben dentro de un contexto histórico, teológico y profético de gran trascendencia.
Desde sus orígenes, el protestantismo surgió en respuesta a determinadas doctrinas y estructuras eclesiásticas del cristianismo medieval, particularmente al sistema de autoridad centralizada en la figura del Papa. Reformadores como Martín Lutero, Juan Calvino y otros vieron en el papado una expresión de desviación de la autoridad de las Escrituras y del señorío exclusivo de Cristo sobre su Iglesia. A lo largo de la historia, esta crítica ha estado fundamentada no solo en preocupaciones doctrinales, sino también en los efectos político-religiosos del poder papal en la vida de los creyentes y de las sociedades.
Aunque en el presente muchos consideran al pontífice una figura promotora del diálogo, la paz y la unidad, es pertinente señalar que los principios fundamentales que estructuran la institución del papado no han variado sustancialmente. La Iglesia Católica continúa afirmando la supremacía doctrinal y jurisdiccional del Papa como “vicario de Cristo” y líder universal de la Iglesia. En este sentido, la elección de un nuevo pontífice posee implicancias que van más allá del ámbito interno del catolicismo, incidiendo en el escenario religioso global y convocando a una reflexión crítica desde la tradición protestante.
A continuación, se destacan algunas dimensiones relevantes de este suceso:
- El reclamo de autoridad suprema del papado
El nuevo Papa, como sus predecesores, asume el título de “Sumo Pontífice” y líder visible de la Iglesia universal. Desde una lectura protestante, esto contrasta con la enseñanza del Nuevo Testamento, que señala a Cristo como la única Cabeza de la Iglesia (cf. Colosenses 1:18), cuestionando así cualquier pretensión humana de autoridad absoluta en asuntos espirituales. - El impulso ecuménico contemporáneo
En el actual panorama religioso, se observa un creciente impulso hacia la unidad entre las diversas confesiones cristianas. Si bien el anhelo de unidad es legítimo y evangélico, desde una perspectiva reformada existe una preocupación legítima respecto a los términos en que tal unidad se persigue. En ocasiones, el ecumenismo promovido desde Roma puede implicar renuncias doctrinales que comprometen la centralidad de la Escritura y el carácter exclusivo de la salvación en Cristo. - La dimensión político-religiosa del papado
El pontífice no solo lidera una comunidad de fe global, sino también un Estado soberano con incidencia diplomática y política. Las declaraciones papales, especialmente sobre temas sociales, medioambientales o económicos, poseen un eco significativo en organismos internacionales. Desde una perspectiva evangélica, esto invita a una observación crítica, especialmente en lo que concierne a la defensa de las libertades religiosas y de conciencia. - Consideraciones proféticas
Diversos pensadores protestantes, particularmente en las corrientes históricas del protestantismo clásico, han interpretado el papel del papado a la luz de las profecías contenidas en los libros de Daniel y Apocalipsis. Estas interpretaciones, más que fomentar una actitud alarmista, buscan fomentar una vigilancia espiritual sobria, consciente de los desarrollos históricos y teológicos que podrían tener relevancia escatológica.
¿Quién podría sucederlo?
Los principales periódicos europeos[1] ya comentan del cónclave[2] que elegirá al nuevo Papa. Italia aspira a recuperar el papado con tres candidatos fuertes. El péndulo conservador europeo mira hacia Hungría. América, con la mayoría de sus cardenales enfrentados al liderazgo del presidente norteamericano, Asia, con un solo candidato y África, sin una candidatura potente, parten con pocas opciones.

Estos son los candidatos más sonados de los que todo el mundo hablará durante las próximas semanas, mientras espera la fumata blanca en el Vaticano: Pietro Parolin, Matteo Zuppi, Pierbattista Pizzaballa, Péter Erdö, José Tolentino de Mendonça, Jean-Marc Aveline, Jean-Claude Hollerich, Fridolin Ambongo, Luis Antonio Tagle, Robert W. McElroy y Juan José Omella. Aunque se sabe que en los círculos eclesiásticos y periodísticos circula el dicho popular «el que entra como papa, sale como cardenal» que significa que aquellos que son considerados como los favoritos o «papables» al iniciar un cónclave suelen no ser elegidos como papa.
El elegido: implicaciones doctrinales y proféticas de un nuevo pontificado
Independientemente de si el nuevo pontífice proviene de los nombres previamente considerados o de un grupo menos visible de cardenales, su orientación —ya sea progresista o conservadora— tendrá implicaciones significativas no solo para la Iglesia Católica, sino también para las comunidades cristianas no católicas, particularmente aquellas que se identifican con la herencia protestante.
Un pontífice de tendencia progresista suele impulsar reformas orientadas a la modernización e inclusión, promoviendo el diálogo interreligioso y ecuménico. Tal enfoque, aunque puede parecer un camino hacia la reconciliación y la paz interconfesional, plantea desafíos teológicos para el protestantismo histórico, ya que con frecuencia prioriza valores comunes sobre doctrinas distintivas. Esta dinámica puede diluir principios fundamentales del Evangelio bíblico y generar escenarios en los que la unidad aparente se logre a expensas de la verdad revelada en las Escrituras.
Por otro lado, un pontífice conservador, al reafirmar con fuerza la tradición católica y el rol del papado como autoridad espiritual universal, podría fortalecer una postura que exige reconocimiento doctrinal explícito de esa autoridad. Desde la perspectiva protestante, ello puede traducirse en presiones institucionales o sociales hacia las comunidades que persisten en su adhesión exclusiva a la soberanía de Cristo y la autoridad suprema de la Biblia.
En cualquiera de estos casos, progresismo o conservadurismo, la figura del papa continúa ejerciendo un rol de influencia ética, política y espiritual en la arena internacional. La historia y la interpretación escatológica protestante han advertido sobre la naturaleza persuasiva del sistema papal y su papel en los eventos del tiempo del fin. En este sentido, seguir con discernimiento los movimientos de este liderazgo eclesial forma parte de una vigilancia espiritual comprometida con la fidelidad a las enseñanzas de Cristo.
Velad y Orad
Mientras sigo leyendo las noticias para terminar este artículo, no dejo de pensar en las palabras de Jesús a propósito de los acontecimientos finales de este mundo: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, anímense y levanten la cabeza, porque su salvación está cerca”.[5] Para los seguidores de Jesús, levantar la cabeza, es la capacidad de mantenerse atentos y despiertos frente a los sucesos que precederán al tiempo de angustia y el retorno de Jesús.
En el contexto contemporáneo, donde la verdad bíblica tiende a ser relativizada y las dinámicas entre poder religioso y político se intensifican, la vigilancia sobre los desarrollos del papado no debe interpretarse como fruto de temores infundados, sensacionalismo o teorías conspirativas. Por el contrario, desde una perspectiva protestante informada por la profecía bíblica, esta vigilancia responde a un ejercicio de obediencia, discernimiento espiritual y fidelidad a las Escrituras.
El creyente comprometido con el estudio de las profecías, particularmente las contenidas en los libros de Daniel y Apocalipsis (cf. Ap. 13; 17), reconoce que los tiempos finales estarán marcados por la aparición de poderes que, bajo una aparente búsqueda de paz y unidad religiosa, desviarán a muchos de la centralidad del Evangelio. En este marco, el papado ha sido identificado por la interpretación protestante histórica como un actor relevante en el cumplimiento de estos desarrollos escatológicos, dada su pretensión de autoridad universal y su capacidad de ejercer influencia sobre asuntos globales, tanto religiosos como sociopolíticos.
Por tanto, la elección de un nuevo pontífice —más allá de su perfil progresista o conservador— podría representar un punto de inflexión estratégico, al intensificar iniciativas ecuménicas, ejercer presión moral sobre los gobiernos, o revitalizar la primacía papal en el ámbito cristiano mundial. En este sentido, la exhortación de Jesús a “velar y orar” (Mateo 26:41) cobra especial pertinencia. No se trata de reaccionar con alarma, sino de asumir con seriedad el llamado a discernir los signos de los tiempos y a sostenerse firmemente en la fidelidad al Evangelio revelado.//////////////////.

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[1] https://www.elmundo.es/cronica/2025/04/21/68067489e4d4d8d00e8b45c7.html
[2]Junta de los cardenales de la Iglesia católica, que reunida eligen a los papas.
[3] Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. Actualmente en el cargo.
[4] En años recientes las iniciales LGBTIQ+ se han utilizado para denominar de forma inclusiva a todos los individuos y a las comunidades que se identifican como lesbianas, gay, bisexuales, transgénero, transexual, travesti, intersexual, queer o aquellos/as que tienen dudas acerca su sexualidad y/o identidad de género. Al final se suele añadir el símbolo + para incluir todos los colectivos que no están representados en las siglas anteriores.
[5] Lucas 21:28 en la versión Nueva Biblia Viva.
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El papa Francisco fue un líder religioso popular, pero no fiel a Cristo , ni a Su Palabra. Enseñó doctrinas que contradicen abiertamente el Evangelio y llevo’ a millones por un camino de confusión. No podemos quedarnos callados. Jesús dijo:”Mis ovejas oyen mi voz”(Juan 10;27) . El Evangelio no se basa en buenas intenciones ni popularidad, sino en fidelidad a la Palabra De Dios. VOLVAMOS A LA BIBLIA. VOLVAMOS A CRISTO. Solo en El’ hay verdad, salvación y vida eterna.