“En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmos 4:8 NVI). A principios de la década de 1990, el historiador Roger Ekirch atravesó
“Entonces oí una voz del cielo, que decía: ‘Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor’. ‘Sí —dice el Espíritu—, ellos descansarán de sus fatigosas
“Nosotros no somos tan independientes como para poder vivir o morir para nosotros mismos. Al vivir o morir lo hacemos para el Señor. Sea que estemos vivos o que estemos