“… porque aquel que obró eficazmente para con Pedro en su apostolado a los de la circuncisión, también obró eficazmente para conmigo en mi apostolado a los gentiles…” (Gálatas 2:8 LBA)

En la vida cristiana auténtica, ninguna acción, ningún logro, ninguna obra realizada surge del esfuerzo independiente del ser humano. Todo lo que hacemos —lo visible y lo invisible, lo grande y lo pequeño— está sostenido por la mano poderosa de Dios. Uno de los engaños más sutiles del orgullo es hacernos creer que poseemos alguna capacidad autónoma, alguna virtud desconectada de la voluntad divina. Sin embargo, la Biblia es clara y repetitiva en afirmar que toda obra buena encuentra su origen en Dios… ESTA REFLEXIÓN LA ESCRIBÍ EL 14 DE NOVIEMBRE DE 2011 (Léela completa AQUÍ)

