“… porque aquel que obró eficazmente para con Pedro en su apostolado a los de la circuncisión, también obró eficazmente para conmigo en mi apostolado a los gentiles…” (Gálatas 2:8 LBA)
En la vida cristiana auténtica, ninguna acción, ningún logro, ninguna obra realizada surge del esfuerzo independiente del ser humano. Todo lo que hacemos —lo visible y lo invisible, lo grande y lo pequeño— está sostenido por la mano poderosa de Dios. Uno de los engaños más sutiles del orgullo es hacernos creer que poseemos alguna capacidad autónoma, alguna virtud desconectada de la voluntad divina. Sin embargo, la Biblia es clara y repetitiva en afirmar que toda obra buena encuentra su origen en Dios.
La Escritura nos recuerda esta verdad una y otra vez:
-
Jesús de Nazaret fue “ungido por Dios con el Espíritu Santo y con poder”, y todo lo que hizo —el bien que repartió, los oprimidos que liberó— lo logró “porque Dios estaba con él”.[1]
-
Él mismo declaró que sus palabras no eran producto de iniciativa humana, sino que “el Padre, que está en mí, es quien hace sus obras”.[2]
-
Pedro también testificó que “Dios realizó milagros, señales y prodigios por medio de él”.[3]
-
Y la iglesia primitiva escuchó en silencio reverente los relatos de Bernabé y Pablo sobre “las señales y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles”.[4]
Todo esto nos muestra un patrón constante: la obra es humana, pero el poder es divino.
Por eso Pablo afirma con humildad y seguridad que Dios “obró eficazmente” en él así como en Pedro. El término griego que usa, energeo, tiene relación con nuestra palabra “energía” y se traduce como “actuar con poder”, “operar con eficacia”, “poner en movimiento”. Pablo no se atribuye un talento especial, ni una preparación extraordinaria, ni un mérito personal. Lo que él declara es que la fuerza que lo impulsaba, la energía que lo sostenía y la capacidad que lo hacía fructífero provenían exclusivamente de Dios.
Jesús mismo nos enseñó esta dependencia: “Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta… no busco hacer mi propia voluntad, sino la del que me envió”.[5] Él, siendo Dios, eligió vivir como hombre completamente rendido al poder del Padre, para mostrarnos el modelo de vida plena y eficaz: una vida conectada, no independiente; sujeta, no autosuficiente.
Querido amigo(a), esa misma energía divina está hoy a tu disposición. No importa si eres el más estudioso o el más sencillo, si tienes grandes talentos o te sientes limitado: Dios puede obrar eficazmente en ti. El único requisito es reconocer que no hay nada en nuestras manos que pueda producir fruto por sí solo. El orgullo, la autosuficiencia y la vanagloria bloquean la obra de Dios; pero la humildad la libera.
Recuerda esta verdad poderosa:
“Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer, para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13, NVI).
Hoy, permite que Dios active su energía en tu vida. Entrégale tus fuerzas, tus planes, tus palabras y tus talentos. Y cuando Él obre —porque lo hará— dale a Él toda la gloria.
¡Comparte con alguien la verdad que descubriste hoy!
Pr. Joe Saavedra
Desde mi rincón de poder y un poquito antes del retorno de Cristo…
Ubícame en mi página web: www.poder1844.org


1 thought on “ENERGÍA PODEROSA (Lunes 14 de noviembre de 2011)”