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GÁLATAS
NADA PERFECTOS (miércoles 16 de noviembre de 2011)
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“Pues bien, cuando Pedro fue a Antioquía, le eché en cara su comportamiento condenable. Antes que llegaran algunos de parte de Jacobo, Pedro solía comer con los gentiles. Pero cuando aquéllos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los gentiles por temor a los partidarios de la circuncisión”  (Gálatas 2:11-12 NVI)

Pedro cometió un error, y lo hizo sobre un punto vital de doctrina. Esta acción nos demuestra por lo menos dos cosas: (1) Pedro  no era infalible, estaba sujeto a tendencias humanas pecaminosas. Esta situación es una prueba inobjetable de que nunca fue considerado el “príncipe de los apóstoles”, ni mucho menos  como el primer papa, como algunos tratan de presentarlo. En todo caso, si habría existido una cabeza humana de la iglesia, evidentemente lo habría sido Pablo, como lo da a entender el relato.

Asimismo, es difícil de imaginar a cualquier sacerdote, obispo o cardenal contradiciendo al autoimpuesto “vicario de Cristo” en una asamblea pública, más fácil es imaginar lo que le pasaría si se atrevería a dudar de la infalibilidad de su líder. Recordemos que en la teología de la Iglesia Católica Romana la infalibilidad pontificia constituye un dogma, según el cual el papa está preservado de cometer un error cuando él promulga o declara, a la Iglesia, una enseñanza dogmática en temas de fe y moral bajo el rango de «solemne definición pontificia» o declaración ex cathedra. Como toda verdad de fe, no se presta a discusión de ninguna índole dentro de la Iglesia católica.

(2) Pedro ya no era el mismo de antes, porque aceptó dócilmente el reproche de Pablo, y lo hizo con la sinceridad y humildad de un verdadero cristiano, que va siendo perfeccionada en el amor de Cristo. Solo habría que recordar sus reacciones airadas y su falta de control que registran los evangelios, como cuando le cercenó una oreja a un joven llamado Malco.[1] Pedro fue mejorando cada día porque se dejaba “pulir” como una vasija en las manos del alfarero.

Mi amigo (a), no está en tu naturaleza ser  infalible, tampoco en la mía. Solo echemos un vistazo a nuestra experiencia en la tierra hasta ahora, ¡cuántas cosas hemos hecho que no agradan a Dios!, si de eso dependiera la vida, hace rato estaríamos bajo varios metros de tierra. Sin embargo, esto no es pretexto para andar cada día practicando el mal, más bien en la presencia de ese Dios todopoderoso clamemos por esos milagros que necesitamos, porque supoder limpia lo manchado y percudido hasta dejarlo impecable.  Elena de White, considera la experiencia de un cristiano como en un crecimiento continuo en la gracia, además añade: “La vida cristiana es una marcha constante hacia delante. Jesús está sentado para reinar y purificar a sus hijos; y cuan su imagen se refleja perfectamente en ellos, son perfectos y santos, preparados para la traslación. Se requiere del cristiano una obra grande. Se nos exhorta a purificamos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, y a perfeccionar la santidad en el temor de Dios. En esto vemos en qué estriba la gran labor. Hay trabajo constante para el cristiano”.[2]

La idea final es: “hoy no podemos ser igual que ayer, ni mañana igual que hoy”. Dejemos que el divino alfarero perfeccione la obra que comenzó con nuestra vida, hagámoslo con sinceridad y humildad de un verdadero cristiano… ¡Qué tengas un bendecido día”

Pr. Joe Saavedra

Desde mi rincón de poder y un poquito antes del retorno de Cristo…

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[1] Juan 18:10

[2] Joyas de los Testimonios, T1, 115.

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